Capítulo 40 – En casa de Rosa La noche se tiñó de un aroma hogareño que Alejandro hacía tiempo no sentía. Rosa había preparado enchiladas picantes, “de esas que se chupan los dedos”, como ella misma decía, y la mesa estaba servida con sencillez, pero con un calor imposible de comprar en ningún restaurante. —Juan Alberto, venga, siéntese con nosotros —dijo Rosa, señalándole una silla. El chofer intentó excusarse, discreto, como siempre. —Señora, yo estoy bien aquí, no quiero molestar. —¿Molestar? —rió Rosa—. Usted conoce más a Alejandro que todos nosotros juntos. Venga, siéntese, que la comida se disfruta compartida. Elena le sonrió con dulzura, y al final Juan Alberto se integró a la mesa. Alejandro, con la camisa arremangada y la mirada más relajada de lo habitual, parecía alguien d

