Capítulo – El secreto de la tenencia El pasillo del hospital estaba casi vacío. El murmullo de las enfermeras se mezclaba con el olor penetrante a desinfectante y café recalentado. Alejandro había ido a regañadientes, convencido por Elena, pero con la certeza de que todo era una trampa de su madre. Aun así, sus pasos firmes lo llevaron hasta la habitación 322, donde Manuela estaba internada. Se detuvo frente a la puerta entreabierta. Reconoció al instante la voz de su madre: áspera, cargada de veneno, aunque intentara hablar en un tono bajo. Alejandro no entró. Algo en su instinto le gritó que escuchara primero. —No podrás creerlo, Sabrina —decía Manuela, con frialdad escalofriante—, pero estuve todo el día sin probar bocado. Solo me pasé una copa de champán corrida porque mi hijo se fu

