Capítulo 25 – La Semana de las Estrellas El restaurante Varela se vistió de gala durante toda la semana. Era enero, un mes que solía ser tranquilo en la ciudad, pero esta vez la atmósfera era distinta: cada noche las reservas se agotaban con días de anticipación, cada mesa estaba ocupada, y en el aire flotaba la expectativa de lo que podía significar esa temporada. Alejandro había reunido a todo el personal el lunes por la mañana. Su tono fue grave, aunque cargado de energía. —Los inspectores Michelin pueden llegar en cualquier momento —explicó—. Nadie sabrá quiénes son, porque siempre se presentan como clientes comunes. Lo único que nos toca es trabajar como si todas las noches fueran la más importante de nuestra vida. Esa frase se quedó grabada en cada m*****o del equipo. Y así comen

