Capítulo 36 – Confesiones entre amigos La noche en el apartamento de Alejandro tenía un aire extraño. El whisky reposaba a medio terminar sobre la mesa ratona, la ventana abierta dejaba entrar un murmullo lejano de la ciudad, pero él parecía ausente. Santiago entró sin tocar, como siempre hacía, y lo encontró con la mirada fija en un punto invisible. —¿Otra vez con cara de tormenta, Ale? —ironizó, dejando el saco sobre el respaldo del sillón. Alejandro esbozó una sonrisa cansada. —No es tormenta, Santi. Es realidad. Mi madre… tu novia … Renata. Sé que están tramando algo y no pienso permitir que lastimen a Elena. Santiago se sentó, cruzó una pierna y lo observó en silencio unos segundos. —Ya me dijiste de que las viste juntas en ese desayuno. Y no me nombres a Sabrina, por favor. Es

