Capítulo — Decisiones al Amanecer El vapor de la ducha todavía perfumaba el ambiente cuando Elena salió envuelta en una toalla, con el cabello húmedo cayendo por los hombros. Alejandro la observó con una calma extraña: había en su mirada un brillo de hombre enamorado, pero también la sombra de algo que lo inquietaba. Mientras ella se arreglaba, él pidió un desayuno que parecía más un almuerzo, con la urgencia de alguien que quería tener todo listo, como si esos minutos valieran oro. Llegó en veinte minutos: bandejas con café, jugos, panes tibios, frutas frescas, huevos y hasta un pequeño postre. Alejandro, en silencio, se levantó también y fue a darse un baño rápido. Cuando volvió, Elena lo estaba esperando para hacer algo que él nunca había vivido en ese tiempo , ella lo ayudó a coloca

