Capítulo 28 – Entre verdades y recuerdos El portazo de Santiago aún resonaba en las paredes del apartamento. La copa de vino que Sabrina tenía en la mano vibró levemente sobre la mesa antes de derramarse un hilo rojo en el mantel blanco. Nadie se movió de inmediato. Renata permanecía sentada, con el rostro pálido, mientras Sabrina se dejó caer en el sillón, apretando los labios con rabia. —No lo puedo creer… —escupió, los ojos encendidos—. ¡Me dejó por esa gorda! Renata la miró, intentando componer un gesto de calma, aunque en el fondo sentía el mismo ardor de la humillación. —No te dejó por ella, Sabrina. Te dejó porque se puso en plan de caballero justiciero. Pero no te equivoques: eso no significa que Elena te gane. Sabrina golpeó la mesa con la palma de la mano, derramando más vin

