Capítulo — El Quiebre y La Trampa Alejandro sostenía el sobre con los documentos de Dylan contra el pecho, apretándolo como si fuera un salvavidas. Quería salir de allí lo antes posible, pero la voz de su madre lo detuvo en seco. —Alejandro… —dijo Manuela, apareciendo en el hall con ese aire solemne que usaba cada vez que quería imponerse—. Necesito hablar contigo. Es algo de vida o muerte. Él giró lentamente, cansado. —¿Qué querés, mamá? Alejandro apretó la mandíbula. No quería discusiones. No quería verla más. Pero entonces Manuela se acercó, con esa sonrisa que escondía veneno. —El doctor lo dijo muy claro —empezó ella, teatral—. Renata necesita un lugar limpio, con un purificador de aire, libre de polvo y polen. Aquí, en la mansión, no tenemos esas condiciones… pero tu apartamen

