Capítulo – Un papel demasiado real El salón privado del club donde Alejandro organizaba el almuerzo estaba impregnado de una elegancia sobria: mesas redondas cubiertas de manteles blancos, copas brillantes alineadas como soldados y un ventanal enorme que dejaba entrar la luz del mediodía. La discreción del lugar permitía que todo pareciera un encuentro casual, aunque Alejandro sabía que cada mirada contaba. Elena entró del brazo de él, con su chaleco lila marcando las curvas, los labios pintados en un rojo discreto y esos lentes montados al aire que resaltaban la intensidad de sus ojos verdes. Se sentía expuesta, como si todos los focos se hubieran encendido sobre ella, pero Alejandro le apretó suavemente la mano y eso, aunque no lo admitiera, le dio un respiro. —Santiago —dijo Alejand

