Capítulo — El Sacrificio de los Padres de Renata Alejandro había actuado por humanidad. Nada más, nada menos. En silencio, había contactado al especialista que le recomendaron los padres de Renata y consiguió una consulta urgente. No quería que se confundiera su gesto con segundas intenciones, porque no las había. No era amor, ni tampoco nostalgia: era un deber moral, casi instintivo, el de no darle la espalda a alguien enfermo. El señor y la señora Villalobos recibieron la noticia como si les hubieran arrojado un balde de agua helada. La peor pesadilla de sus vidas parecía volver. Sin sospechar que todo era parte de un engaño, comenzaron a vender acciones de su empresa en silencio. Querían liquidez, querían estar preparados para costear un eventual traslado a Canadá, como la última vez.

