Sin preverlo el cansancio me ganó. Después de ver a Camelia un rato mientras dormía, decidí salir de la habitación, tomé asiento y pedí un trago, lo bebí en seguida la azafata me lo entregó, y recuerdo que coloqué el vaso vacío en el asiento de al lado e inmediatamente recosté la cabeza en el espaldar para pensar en todo lo que ha sido mi vida desde que conocí a Camelia, y me perdí en un sueño que me desconectó por completo de la realidad. Un grito ensordecedor me despertó de golpe. Aunque aturdido y con el agotamiento a millón, logré identificar no sólo qué produce el ruido, sino también la razón del mismo. Esto era de predecir. Inevitablemente esto es parte del proceso que había previsto sucedería como un hecho colateral de mi plan de salvación de nuestro amor. —¿QUÉ ME SUCEDIÓ? —Escuc

