El día pasó lentamente. Tal como lo preví, trabajé hasta bien entrada la tarde, son las tres y el apetito comenzó a hacer de las suyas. También el cansancio por las pocas horas de sueño dejó ver la necesidad de darle un reposo a mi cuerpo por hoy. Aunque adelanté trabajo, he pasado el día divagando entre los recuerdos y las emociones que no me dan tregua; entre un recuerdo y otro están ahí avisándome que, por más que lo niegue a viva voz, no he podido arrancar de mí los sentimientos que sin querer crecieron dentro de mí por él. En algún momento tienen que dejarme tranquila. En cualquier mañana de estas seguro despierto y ya no sentiré nada por él que no sea el mismo afecto que se siente por un desconocido que te cruzas en la calle. Así ha de ser, así tiene que ser. No puedo permitir que s

