Subí por las escaleras, necesitaba despejar mi mente, y la caminata desde el restaurante hasta aquí no había tenido mucho efecto; sin embargo, a pesar de haber dormido toda la tarde, mi cuerpo estaba cansado. Habían pasado muchas cosas en el día. Mi pie pisó el último escalón y suspire; a pesar de que mi piso no era uno de los más altos, me había cansado un poco. Caminé por el pasillo, pero cuando estaba llegando a mi puerta, note que algo, o mejor dicho alguien, me esperaba. -Rubén…-murmuré. El recién nombrado giró su cuerpo para mirarme. A pesar de que lo había visto hacía solamente unas horas, era como si toda esa mañana hubiera pasado hacía años. -Oh… aquí estás.-susurró, hablando consigo mismo, pero lo dijo lo suficientemente fuerte como para que yo lo escuchara. -¿Viniste po

