Dalila se pierde en la mirada intensa de Barton, quien no deja de observar con detalle la expresión de la mujer que ama. Sin embargo, el miedo y el peso de todo lo que está viviendo la tienen silenciada. Hablar sería no solo matar a sus hijos, sino lapidar la suerte de su familia y dejarla en la ruina. Y no es que le importe el dinero, sino que hay dos personas que dependen de esa fortuna ahora mismo y no puede arriesgarse a que Rómulo cumpla sus amenazas. —No lo son… —dice finalmente en un susurro con labios temblorosos. Barton sonríe a pesar de todo, asiente y le deja un beso en la frente. —Un día serás capaz de decirme la verdad, mentirosa… solo no olvides que estoy aquí para protegerte a ti y a mis hijos, porque sabes que sí lo son. Se aparta de ella y se va a afinar los detalles co

