En el instante en que Magnus reacciona se da cuenta de que el cuerpo de Daphne se estremece por el frío, se quita la chaqueta y la cubre con ella. Mira a todos lados y la lleva a la casa, porque con aquel frío es imposible que pueda dormir en el cuartucho. —Debes estar algo enferma, de otra manera no me estarías pidiendo eso… —Daphne se detiene de golpe justo cuando entran al despacho de Magnus, se lo queda viendo y le dice con un susurro. —No estoy enferma… solo quiero comprobar lo que tantas veces me has dicho, que no soy capaz de despertar en nadie algún tipo de deseo, que mi cuerpo no atrae a nadie… quiero tener la certeza de que tus palabras son verdad. Y, sin esperar la respuesta de su esposo, pasa una mano por la nuca de Magnus, sin dejar de verlo a los ojos y lo atrae con suavid

