Juan Miguel resopló, asintió. —Lo comprendo, pero ¿por qué le tienes miedo? —cuestionó. Luciana apretó los labios. —Él es un hombre muy violento y celoso, cuando lo conocí no mostró su verdadera identidad, trabajaba para el jefe de la agencia de escorts, era uno de los hombres de seguridad —confesó—, a veces la soledad te confunde, y te ilusionas con cualquier persona, y eso me pasó. —Inhaló profundo—, y empezamos a vivir juntos. —La voz se le quebró, y gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas—, empezó a golpearme, a reclamarme por la ropa que me ponía, me hacía escenas de celos con cualquier hombre, y… me tomaba a la fuerza cuando yo no quería —declaró y se refugió en el pecho de Miguel—, no deberías estar conmigo, mi pasado es muy turbio. Juan Miguel respiraba agitado, apretaba

