AÑOS ANTES
ITALIA
—Mamá. —Aunque ya no era una niña, su madre era a quien siempre recurría cuando algo inquietaba su joven corazón.
—Dime mi niña hermosa — Mientras peinaba su larga y rubia cabellera frente al espejo de su habitación.
—¡prométeme por favor que cuando cumpla la edad que dicen las reglas de la familia, no voy a seguir la tradición. yo no quiero esta vida para mí ni para nadie en realidad! — no quiero manchar mis manos con sangre, pensaba la joven de escasos dieciochos años, de cabellos tan rubios como de amarillo el sol, de ojos esmeralda tan verdes como aquellas joyas que llevaban su nombre en la bóveda de la familia, su esbelta figura era la envida de mujeres y el deseo de hombres, quienes ya habían ofrecido hasta cientos de miles de dólares por ella y su virtud.
—No hija mientras papá y yo estemos vivos, no permitiremos que seas parte de este mundo cuando cumplas los veintiún años te ayudaré a salir de este lugar, solo que no digas nada y mucho menos a tu hermano Sandro, tú ya sabes como esta de mal de la cabeza o eso creo yo.
Volteo a ver a su madre, y la toma de las manos, el solo pronunciar su nombre le escarapelaba la piel, había oído cosas de él que podía hacer temblar del terror a cualquiera.
—Tengo miedo de él mamá, sus ojos cuando me ven se llena de odio hasta los he visto ponerse más oscuros, me da miedo estar cerca de él — Le acaricio el cabello mientras la veía con la dulzura que solo una madre podría hacerlo, aquella que sin saberlo estaba creando su ultimo recuerdo.
—Son imaginaciones tuyas, puede estar loco, tener un carácter difícil, pero es tu hermano y en el fondo te quiere y solo te cuida, pero igual no le digas nada de lo que acabo de decirte.
Le dio finalmente un beso en su frente antes de marcharse en su habitación a ver a su esposo, un hermoso espécimen italiano de un metro noventa, con sexy bigote junto con sus hermosos ojos verdes le daba un aura de todo galán de Hollywood clásico, la esperaba en su gigante cama con periódico en mano, cuando la vio lo puso a un lado en la mesa de centro a su izquierda, cuando se trataba de su esposa siempre trataba de darle toda la atención que se merecía su gran amor.
—¿Qué sucede amore? — Mientras ella se sienta al pie de la cama con una preocupación evidente en su rostro.
—Me preocupa Alfonsina, tiene miedo de Sandro y yo también tengo miedo, no quise decírselo a ella, porque no quiero que mi niña se altere más, tu sabes que es muy sensible a pesar de crecer en este mundo — Tapándose el rostro empezando a llorar de manera desconsolada, lo que hizo que el corazón de su esposo se estrujará y la atrajo entre sus brazos para poder lograr consolarla.
—Amore mío, no tengas miedo de mi hijo yo siempre estaré para ustedes, mi hijo nunca les hará daño, mientras yo viva nada les pasará. —Tratando de calmarla, su corazón no soportaba verla llorar y menos sabiendo que era gracias al hijo que había resultado mucho peor de lo que quería creer, por eso estaba pensando hacer, que era algo que por fin le pusiera fin a todo ese mundo en que Vivian, no iba a ser fácil, pero ya estaba cansado de poner en riesgo a sus seres queridos.
—El me odia y cree que yo fui tu amante y que engañaste a su madre conmigo, el piensa que soy la peor de todas las mujeres. — Sin dejar de llorar abrazada a su esposo, necesitaba de sus abrazos, de sus besos, solo el podría calmarla.
—Es que él no tiene idea que clase de madre tuvo, él tiene en su cabeza lo que ella se encargó de meterle solo veneno en mi contra y en lo que hice que fue ser feliz a tu lado, pero nunca te dejaré cariño y daría mi vida por ustedes, ahora tranquila amore y descansemos mañana tendremos el viaje en barco y serán muchos días y al volver tenemos los dos que hablar con Alfonsina para ir preparándola,
—Te amo mi amore — Acercándose a sus labios, sintiendo su aliento pegado al suyo, sintiendo esas ganas que solo el amor le daban y generaban.
—Y yo te adoro amore mío — Aunque esa noche tenían que descansar para el largo viaje que le esperaba simplemente hicieron el amor como dos locos enamorados, aunque tenían que salir muy temprano antes que el sol salga, es que su esposo estaba tratando de aliarse con otras mafias para dejar de lado las guerras entre familias que habían llegado a niveles espeluznantes y viajar al nuevo continente en barco era la mejor opción agregándole el hecho que a su hermosa esposa le hacía mal las alturas y por ella lo que sea.
DIAS DESPUÉS
—¡No es cierto no me estás mintiendo Sandro! Ellos no, no, me niego a aceptarlo — Mientras presa del dolor caía de rodillas al suelo entre un mar de llanto y tristeza. Tenía el corazón destrozado por la noticia, su mundo tal lo conocía había terminado.
—Lo siento hermana, ahora solo seremos los dos, ahora prepárate y viste de acuerdo a la ocasión como sus cuerpos se hundieron en el mar, iremos a presentar nuestros respetos al mar como en la vieja escuela.
Y sin más se marchó cerrando la puerta tras él, no hubo un abrazo o una palabra de consuelo, se supone que él era la única familia que le quedaba y ella la de él, pero la frialdad era algo que caracterizaba a Sandro y de eso no había duda, porque él estaba muy lejos de sentirse afectado de la manera que se suponía que debía estarlo.
—¡Mamá, papá! ¿Por qué? No puedo estar sin ustedes, mamita quiero despertar y darme cuenta de que es una pesadilla, no puedo estar en esta vida sin ustedes — Rompiendo a llorar nuevamente dando golpes al suelo con el puño cerrado hasta que llego a su lado Tita el ama de llaves y la mujer a quien adoraba después de su madre.
—Mi niña no llores, ven aquí — Se agachó al nivel del suelo junto con ella y la abrazo recostando su rostro contra su pecho invadiendo de lágrimas su uniforme, y sin poder evitar empezó a llorar le pareció tan irreal saber que su niña había muerto, era tan injusto.
—¡Se murieron nana Tita, se murieron, me dejaron! No puedo vivir sin ellos ¿Por qué? ¿Por qué ellos? — Aferrándose a ella, sin dejar de llorar de manera desconsolada, era tan doloroso y desgarrador saber que los había perdido.
—Yo tampoco lo entiendo mi niña, yo tampoco lo entiendo, pero nada de que te vas a hundir mírame Alfonsina mírame — Alzando su mentón viendo como las lágrimas siguieron cayendo como cascada.
«Tú tienes una misión recuerdas, haya pasado lo que haya pasado tú tienes una misión mi niña me lo contó, tienes que ser fuerte y no dejar que te vean débil. —Se lo dijo con dureza, pero con la convicción que sería lo único que la mantendría en pie.
—Pero mi mamá, mi papá, ellos. — «No puedo con todo este dolor… pensaba ella mientras las lágrimas la invadían, nunca en su vida había llorado tanto
—Ellos querían que tú fueras libre de este mundo, ellos querían que tú hicieras una vida lejos de aquí, lejos de esta inmundicia ellos ya habían aceptado sus destinos hace mucho y era tarde para cambiar, pero tu preciosa tú aún puedes salir de esto— Sin dejar de abrazarla, la adoraba desde que era pequeña la había visto caer y levantarse, la había visto llorar y reír, pero jamás pensó llegar a este punto, jamás pensó alguna vez tener que consolarla por la partida de sus padres.
«solo ten paciencia mucha paciencia y no dejes que nadie más te vea llorar, yo te voy a apoyar, yo te voy a ayudar, seré tu bastón donde te vas a poder apoyar, puedo parecer una vieja débil, pero te defenderé con uñas y dientes y hasta mi vida si es necesario y empezaremos por tu cabello y las fotografías.