PARTE 02

1302 Words
NEW YORK   —¡Vamos cariño, vamos tu puedes! — Sosteniendo su mano para darle la fuerza, sin importar que sentía casi sus huesos hechos polvo.   —Siento que me estoy partiendo en dos ¡Dios mío nunca más tendré hijos lo juro! — Mientras su frente y todo su cuerpo está invadido por el sudor y el dolor que significa traer vida a este mundo hasta que por más inverosímil que parezca se oyó y resonó en toda la habitación el sonido más hermoso para esos primerizos y orgullosos padres.   —Bienvenido al mundo Alessandro Barbieri Romano — Mientras el medico lo terminaba de limpiar para luego ponerlo en sus brazos haciendo que el feliz padre sintiera que la vida le sonreía y lo llenaba de la mejor bendición con su pequeño hijo de ojos oscuros y piel tan blanca como la nieve, aunque lo esperaba nunca creyó que un cuerpecito tan pequeño pudiera hacer que su cuerpo y su corazón fuera invadido por tantas emociones, era su hijo, su primer hijo, el niño que por mucho tiempo había deseado.   —Es el niño más bello de este mundo, se parece tanto a ti, mi esposa amada, mi amor es nuestro hijo, nuestro bambino. — Dejándolo sobre el pecho de su esposa Martina, una mujer de veintiocho años, a quien había conocido una tarde en una de las tantas reuniones a las que su padre la obligaba a ir hace ya seis años atrás.   —¡Dios es hermoso! ¿A que no es hermoso doctor? — Si dejar de llorar por la emoción de tener a su hijo entre sus brazos sin dejar de besar su frente con tanto amor y anhelo de verlo crecer hasta convertirse en un hombre hecho y derecho, quería verlo crecer hasta que su sonrisa jamás se borrara de su mente   UNAS SEMANAS DESPUES   —Es el niño mejor portado que he visto en mi vida — Mientras lo arrullaba para que durmiera, sus ojos se inundaban de una emoción, no podía dejar de admirarlo y olerlo, su aroma era tan adictivo.   —Es un niño de mamá eso es, si tu no está cerca se la pasa llorando hasta que tu olor lo calma y no me mires así  que pregúntale a tu madre que lo vino a ver ayer, Doña Margarita trajo un camisón tuyo y dejo de llorar en el acto. — Mientras se inclinaba quedando en cuclillas y dándole un beso a su hijo y un en los labios a su esposa.   —El adora a su madre es solo eso y lamento mucho dejarte solo cariño, mamá tratara de no volver a hacerlo— Sonriendo como boba, no había nada en este mundo que amara más que tener a su hijo entre tus brazos y sentirlo tan suyo.   —Dámelo cariño para recostarlo ya se quedó dormido — Sosteniendo con toda la delicadeza que podía   hacerlo, como si un jarrón de la dinastía ming se tratara y recostándolo sobre su cuna.   —¿Te has arrepentido alguna vez de casarte conmigo? — Haciendo que Doménico Barbieri un italiano de nacimiento siendo más específicos un siciliano de treinta y ocho años, metro setenta y tres centímetros de altura, musculatura definida, piel bronceada porque adora la playa especialmente las del mar caribe, cabello oscuro siempre peinado para un lado nunca desprolijo, algo que era admirado por centenares de mujeres que darían lo que sea por pasar un par de horas en su cama algo que era perfectamente sabido por su esposa, pero a lo que no le temía porque sabía la adoración que este sentía por ella.   —Ni un Segundo me arrepiento de haberte robado en esa iglesia y no detenerme hasta las vegas y casarnos en la capilla de Elvis Presley — Tomándola de la cintura y atrayéndola hasta su cuerpo, haciendo que sus corazones sonaran a un mismo ritmo, haciendo que sus rostros estén tan cercas sin dejar de soltarla de la cintura tomo un mechón de cabello, dejándolo detrás de su oreja derecha.   «Eres la mujer de mis sueños, eres el amor de mi vida, el solo pensarte me hace dar cuenta que soy el hombre más afortunado de este mundo en tenerte, eres perfecta  y tenemos una familia maravillosa, sin ti y Alessandro no tendría rumbo me hundiría en la oscuridad. Y en este momento le voy a demostrar a mi esposa cuanto la adoro — Cargándola haciendo que esta ría por la sorpresa, pero gustosa de darse cuenta lo que provocaba en su esposo, lo amaba tanto y adoraba hacerlo feliz.   «Voy a besar cada centímetro de tu piel, te voy a venerar como a una diosa, porque eso eres para mí una diosa hecha mujer, no habrá espacio en su cuerpo que mis labios no prueben—Esa mirada lasciva que le daba, esa sonrisa de lado hacia que todo en ella temblará, esa manera de verla hacia que el fuego empezará desde lo más íntimo de su cuerpo.   —Eres realmente Hermosa y me siento uno hombre tan afortunado de haber Ganado tu amor —Besando su cuello acariciando su cuerpo, cada vez que la tenía delante de él tan vulnerable tan receptiva a sus caricias, lo volvía loco la manera en que gemidos uniendo sus cuerpos, él sabía qué hacer para llevarla al cielo de ida y vuelta y para él con eso bastaba, era su esposa su amada esposa, la que está sucumbiendo a sus caricias, a sus besos, cada centímetro de ella le pertenecía no le importaba el pasado porque hoy era su presente no importo cuando difícil fue llegar a un momento así, lo paciente que tuvo que ser con ella, pero su amor la curo o eso quería creer.   —¡Dios mío sigue amore no te detengas, por dos siento que voy a explotar! — Fue lo último que dijo antes que Doménic no tuvo piedad, quería hacerla estallar del placer hasta hacerla ver las estrellas, que su esposa le pida más de lo que él le podía dar lo lleno de orgullo, haciendo que las fuerzas revivan, haciendo que ambos llegaran al punto de tocar el cielo con las manos, el beso su frente y la acomodo a su lado con sus cuerpos tal cual vinieron al mundo, se había prometido desde la primera vez que la vio llorar en su luna de miel que la haría feliz sin importar que.   —Nunca me dejes amore —sintiéndose como un bebé a quien los latidos de su madre calmaban haciendo que su corazón volviese a su cauce.   —Solo la muerte me alejaría de ti y si eso sucedería quiero que seas feliz y siempre le diga a nuestro Alessandro que su madre lo amo con todo su corazón y que lo cuidaré desde donde este — Fue ese el momento que algo dentro de ella le decía que más temprano que tarde algo así sucedería, que la venganza de aquel hombre que humillo y desprecio llegaría algún día hasta ella alejándola de esa felicidad por la que tanto había luchado, por la que tanto se había esforzado, amaba a su familia, amaba a su esposo quien la había con paciencia, amor y mucha lucha logrado sacarla de esa oscuridad, porque su amor era tan grande hacia el que si un día no estuviera desearía que el fuera feliz con una buena mujer, quería que aunque la muerte la aleje de su lado, ella quería volverlo a ver amar nuevamente, porque por mucho que se diga de su esposo ella sabía qué clase de hombre era y porque se había metido en ese mundo, muchas veces la culpa la invadía, pero él con sus besos y caricias se encargaban de alejar esos pensamientos que turbaban su mente.
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