PARTE 03

793 Words
ITALIA   —No quiero te dije — mientras se peinaba para dormir, detestaba ese tipo de reuniones que, hacia su hermano, puros hombres de aspecto grotesco mirándola como si ella fuera un pedazo de carne.   —Vas a hacer lo que yo te diga mis amigos vienen de muy lejos para conocer a la familia Salvatore y no les hare ese desaire hermanita — Mientras tomaba de su brazo hasta llevarla al guardarropa que tenía cerca al baño, sacando un vestido rojo de mangas largas y espalda descubierta sin nada de escote delante.   «Y has algo con tu cabello que esta desastroso ¿Acaso tu madre te crio de esa manera? — Ella quería con todas sus fuerzas que esas palabras no le dolieran, que el mencionar a su madre no fuera como rasgarle el corazón.   —No menciones a mi madre en tu sucia boca, iré a esa dichosa reunión ¿Satisfecho? Ya déjame en paz por una maldita vez. — No pensó lo que salía de su boca, solo fue el impulse del estar harta detener que soportarlo día tras día su cuerpo tembló cuando sintió el ardor de su mejilla luego fuera abofeteada por su hermano de tal manera que cayó al piso donde había unos vestidos lanzados por el mismo Sandro,   —¡Yo la menciono como mierda me da la gana, soy el maldito jefe de esta familia! y vas a hablar y actuar como yo te lo diga y maquíllate para que no se den cuenta.   Se marchó azotando la puerta, quería llorar de impotencia, quería gritar que él no era nadie para imponerle nada, quería gritarle que no eran una maldita familia, pero recordó   —Vamos niña no te rindas — Mientras la alentaba a entrenar sobre los límites de las tierras que pertenecen a la familia Salvatore.   —Es tan difícil, me duele todo el cuerpo, tengo moretones sobre moretones — Mientras doblaba ligeramente su espalda ya que también la tenía muy lastimada por el arduo entrenamiento.   —Mi niña lo sé y te entiendo, pero tarde o temprano lo necesitaras.   SEMANAS DESPÚES   —¡Si nana Tita sí! ¡Lo logré! ¿Vistes eso, lo viste? — Mientras recogía las latas de cerveza que habían servido como practica de tiro.   —Ya era hora cariño, ahora Bueno te voy a enseñar algo que la mayoría de mujeres tiene, pero no sabe cómo utilizar — Mientras recogía las otras latas   —¿Qué cosa? — No entendía a qué se refería, aunque tenía ya diecinueve años, había muchas cosas que no había vivido, muchas que no había experimentado por sí misma.   —A seducir mi niña — Ocasionando que los ojos de Alfonsina se agrandaran hasta casi confundirse con un par de platos.   —¡Pero como yo, si ni si quiera, ósea yo no eso no puedo hacer! — Negando con las manos y hacienda que sus mejillas se sonrojaran de solo mencionar ese tipo de cosas.   —Te voy a tratar con una mujer, el seducir no es sinónimo de que dejes de ser virgen, no vas a subastar tu virtud, eso jamás.   «Lo que te voy enseñar ese en base a tres simples reglas, número uno no todos los hombres son iguales, números dos dependiendo de quién este delante tuyo lo miras a los ojos cuando te habla o agachas la mirada fingiendo ruborizarte y número tres  y el más importante, ganas más con miel que con hiel.   Aunque en ese momento Alfonsina no entendía para que iba necesitar esas dichosas clases de seducción, la vida la inclinara hasta el hecho de recordar palabra por palabra   DURANTE LA FIESTA   —Les presento mi hermana Alfonsina Salvatore — Teniendo ella que fingir una sonrisa.   —No sabía que tu hermana fuera tan Hermosa, Señorita sus ojos son los más hermosos que he visto en mi vida, es un honor conocerla—  Besando el dorso de su mano acto que casi ocasiona que las arcadas la invadieran, pero tenía que controlarse como le habían enseñado.   —El gusto es mío Señor Lombardi, si me permiten tengo que ir al tocador — Se retiró y fue al baño las arcadas la seguían invadiendo de solo recordar a ese tipo asqueroso toando su piel con sus labios, se observó al espejo y no se reconocía a sí misma, su cabello era de color oscuro, sus mejillas más hundías y la marca de la bofetada de su hermano casi invisible gracias al maquillaje mágico.   «Vamos Alfonsina no lloraras, no te mostraras débil ante nadie, los hombres solo sirven para obtener un fin, al final todos querrán lo mismo, tengo que usarlos, tengo que sacarle provecho, quiero destruir a mi hermano y necesito  tener todas las amistades posibles.
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