DOS AÑOS DESPUÉS
NEW YORK
—Cariño me gustaría acompañarte, pero los malditos rusos me quieren a mí en vez de a Yang, y sabes que ese lugar no me gusta — Mientras terminaba de ponerse los gemelos de veinticuatro quilates en las mangas del saco.
—Tranquilo cariño no te preocupes te veo para la fiesta ¿Supongo? — Mientras aun en camisón se acercaba a su esposo y acomodaba su corbata.
—Me encanta cuando haces eso — Y le daba una sonrisa que podía sonroja hasta a una monja.
—¿Así cómo? — Y se acercaba más y más hasta sentir que el m*****o de su esposo se ponía duro como piedra.
—Vas a hacer que no vaya a ningún lado y te haga el amor y mande al diablo a los rusos eso — Y la tomo de la cintura.
«Un millón de veces prefiero besar cada parte de aquí — empezado por su mejilla, luego su cuello de manera que le erizaba la piel, haciendo que cada parte de ella se calentara cuál lava ardiente solo necesito que un gemido salga de su boca para que Doménico le bajara el camisón, dejando expuesto su ropa interior blanca de Victoria Secret un regalo de aniversario.
—No sigas cariño, que harás que explote por solo sentir tu aroma, me vuelves loca — Mientras los gemidos producto del placer que solo su esposo podría darle era indescriptible, si no fuera por el teléfono que dejaba de sonar la hubiera hecho suya en el mismo closet
—. ¡Maldito teléfono! ¿Qué quieres? — Siguió hablando con uno de sus hombres los encargados de la seguridad en Rusia
«Ya salgo para allá, Maldita sea cariño —Se giró y abrazo a su esposa, aspiro su perfume ese que al principio le chocaba por encontrarlo muy dulce y empalagoso, pero con el tiempo había aprendido a adorar y comprarle hasta la fábrica solo por complacerla y consentirla.
—Tu tranquilo amor, aquí te voy a estar esperando, sabes que te amo y que tú y nuestro hijo son mi vida. — Dándole un casto beso a su esposo.
—Un día de estos me tomaré unas vacaciones y regresaremos a Jardines Del Rey en Cuba como en nuestra luna de miel —Jardines del Rey es el nombre de un conjunto de cayos que conforman la parte oriental del archipiélago de Sabana-Camagüey, el más extenso y numeroso de los cuatro que rodean la isla de Cuba.
—No me importaría dormir debajo de un puente si es contigo, eres dejando de lado tu empleo, eres un hombre maravilloso que me ama y ama a nuestra familia, te amo más que a mi vida y si fuera preciso la daría por ustedes. —Sentía ella una opresión en el pecho, algo más allá de la lógica que le quería gritar que algo no estaba bien que tal vez era la última vez que podría verlo o tocarlo, le dolía pensar que los podría dejar solos, a un hijo de tan solo dos años y un marido que sin ella seguramente se derrumbaría.
HORAS DESPUÉS
—Hola querida ¿Cómo estás? ¿Cuándo encargas el segundo? — Mientras Martina jugaba con su hijo que cuando vi a su abuela corrió a esconderse en las piernas de su madre.
—No sé a qué vienes a verme, a que tonta sé por qué has venido, ahora cuanto es lo que quieres, de cuantos ceros quieres tu cheque —Mientras sacaba la chequera de su bolso.
—Una madre no puede venir a su hija, que tipo de recibimiento es ese, además deberías enseñarle modales a ese niño míralo como tiembla como un debilucho — Mientras se sentaba cerca de una mesita cerca a los juegos del patio trasero de la mansión.
—Será que te tiene miedo y agradece que no le dije nada a Doménic de que te atreviste a golpear a su hijo, porque él era capaz de desaparecerte sin dejar rastro tuyo y a veces creo que es lo mejor a que sigas viviendo como sanguijuela viniendo solo a pedirme dinero, ¡Estoy cansada de que me veas como tu banco personal! — Se levantó del suelo y lo primero que recibió fue una bofetada de parte de la mujer que se decía ser su madre.
—Como te atreves a hablarme de esa manera, es lo mínimo que merezco de ti, luego que tuve que huir de Italia como una paria porque mi hija dejo plantado en el altar a un Salvatore, esa familia es el engendro del demonio y si no fuera porque hui hubiera terminado torturada y cortada en mil pedacitos, ese hombre es el demonio y aun así te atreviste a desafiarlo, no sé qué tenías en la cabeza para hacer una cosa como esa — Mientras se arreglaba el cabello siempre impecable, siempre inquebrantable nada ni nadie la sacaba de sus casillas, de esa máscara de madre y mujer intachable, pero solo su hijo y su nieto Alessandro eran capaces de sacar lo peor de ella.
—No sé cómo dices algo como eso, mi esposo te aprecia y hasta te ve como una segunda madre, no he querido que vea la realidad porque te tiene demasiada estima, pero no me tientes madre porque esto que has hecho no te lo perdono, no soy esa niña pequeña a la que tratabas como una cosa y no como sangre de tu sangre, no soy esa de la que mi padre abuso tantas veces algo que tú sabías, pero no hiciste nada al respecto, el día que yo muera espero que el karma te alcance madre, espero. — Mientras se secaba las lágrimas que la empezaban a invadir.
—El día que mueras bailaré sobre tu tumba y agradeceré al cielo por librarme de ti, querida no sabes cuánto te odio, — Mientras se acercaba a ella nuevamente con la intención de levantar su mano en contra de ella, pero fue detenida por Martina.
—Nunca más dejaré que me pongas un dedo encima, un día terminaras pagando tu sola sin o yo tener que mover ni un dedo y ahora lárgate de aquí antes que llame a los de seguridad y te saque a patadas. — Al ver que su madre no movía ni un cabello con intensión de retirarse mando a llamar a los guardias de seguridad.
«No la dejen entrar y ni una palabra a mi esposo ¿Me oyeron verdad? — Ellos asentaron mientras su madre gritaba todo lo que se le venía a la mente en contra de su hija.
—Ojalá ese hombre llegue a ti y te torture hasta morir
Esas palabras causaron que la sangre en MarTita se helara, de solo recordar las cosas que había visto las pocas semanas que vivió con Sandro antes del frustrado matrimonio.
RUSIA DOS DÍAS DESPUÉS
—Como quieras, es perfecto la ruta es la ideal por la policía no hay problema ese lado está arreglado — Estaba arreglando con los rusos la nueva ruta por donde entraría la droga, ya que la última había sido descubierta cuando Martín su guardaespaldas particular entro sin previo aviso haciendo que todos los presentes sacaran sus armas apuntándole a lo que Doménico les hizo bajar las manos
—Tranquilo es mi hombre de confianza ¿Estás loco Martín? ¿Quieres que te peguen un tiro en la cien? — Mientras las venas de su cuello se acentuaban por la rabia.
—Señor es la señora Martina ha desaparecido