30 de julio. Estábamos a solo un día y ya quería que acabaran para comenzar con mis añoradas vacaciones de verano, este último año estaba resultando bastante agotador y no tenía ganas de seguir estudiando. Disfrutare ese mes como jamás porque luego no había oportunidad. Estaba por sonar el último timbre del día para irnos a nuestras casas y yo esperaba paciente en mi puesto mientras veía como el profesor se quedaba dormido. Pude sentir la mirada de alguien sobre mí y al saber quién es no me tome la molestia de voltear. Después el partido no se acercó más y yo lo agradecí feliz porque de verdad ya no lo quiero en mi vida, jamás había tenido la fuerza afrontarlo como hoy y me sentía aliviada de que eso que sentía por él por fin desapareciera. El timbre sonó haciendo que todos nos levant

