5. Cautivada.

1046 Words
Salimos casi corriendo de la casa porque se nos hizo tarde, ya íbamos en el auto con mamá y papá. Ale estaba emocionado, jugarían en contra de los de la universidad del pueblo aledaño, por primera vez jugaría con universitarios y eso lo tenía eufórico. Minutos después estábamos llegando al estacionamiento de la universidad y los chicos se bajaron apresurados o bueno Alejandro porque Manuel se quedó esperándome. Avanzamos junto a nuestros padres y nos dirigimos hacia el campo de futbol, tenía una sensación rara en el pecho, como si esperara a que algo pasara y eso me tenía muy inquieta. Subimos a las gradas y Manuel y yo nos sentamos junto a Loraine y a Bri que nos guardaban lugares. Ellos comenzaron a hablar y yo me quedé absorta en mis pensamientos, tratando de descubrir que era eso que sentía dentro de mí percho, que era tan raro y tan nuevo para mí. En eso se comenzó a escuchar un alboroto al comenzar a entrar los equipos. Vi a mi hermano entrar muy animado, sonreí por él, lo amaba tanto que verlo feliz haciendo algo que le gusta significaba tanto para mí. En eso observo detalladamente a los chicos del otro equipo y tengo que abrir y cerrar los ojos varias veces para poder creérmelo, parecía mentira o un juego absurdo del destino, mi corazón se volvió loco al mirarlo y tuve que levantarme para comprobar que fuera verdad, que fuera real y no un engaño de mi subconsciente. Su mirada vago por las gradas hasta detenerse en mí y mi respiración se cortó, realmente era él y yo dejé de respirar porque parecía tan irreal. De hecho llegue a pensar que lo que había ocurrido la otra vez era algo inventad por mi imaginación y él no era real sino parte de esa imaginación tan rara que tengo, pero ahí estaba y por alguna razón sentí una tranquilidad invadirme que logró calmar mi inquietud del principio. Sonrió y no supe que hacer, su mirada estaba fija en mí y si no es porque tocan el silbato no deja de mirarme. Sentí una mano en mi brazo y me sobresalte volteando a ver a mi hermano confundido. — ¿Todo bien? —cerré los ojos un segundo y asentí sentándome otra vez pero con esa alegría invadiendo mi ser, sacudí mi cabeza y sonreí al verle jugar. Pasaba la pelota con maestría y cuando metió el primer gol para su equipo yo aplaudí escondida de Alejandro para que no viera que apoyaba a su contrincante, pasé todo el partido solo viéndolo a él, como corría solo o con el balón, como esperaba los pases y cuando los recibía, sabia resolver las cosas y eso los podía llevar a ganar. El partido estaba por terminar, había gritado tanta veces que creo que ya no quedaba voz, disimulé muy bien mis gritos cuando era él quien metía un gol ganándome una gran sonrisa suya y una mirada de confusión de mi hermano. Manuel no dijo ni una sola palabra en todo el partido pero sé que se moría por preguntar. En el partido el equipo de mi hermano resultó ser el ganador. Todos bajamos las gradas para felicitarlo mientras Bri y Loraine lo agobiaban con abrazos yo vi a Francisco bajar del otro lado de las gradas e intenté esconderme regando al cielo que no me vea pero obvio yo no tengo tanta suerte, quise buscar al chico pero no me dio chance porque empezó a llover y todos empezaron a correr para taparse de la lluvia. Yo como la despistada que soy, no me di cuenta cuando mis hermanos se fueron dejándome allí sola, cuando iba a salir corriendo quedé frente al idiota de mi ex amigo, con nuestros pechos muy cerca. —Yo me voy—quise esquivarlo pero este me sostuvo por el brazo y me echó hacia atrás para con su otra mano toma mi otro brazo y acercarme mucho a él—suéltame, idiota—sonrió y quise golpearlo para borrar esa ridícula sonrisa de sus labios. —No te vas y no te suelto hasta que me aceptes en tu vida nuevamente—me reí y forcejee un poco con él hasta soltarme. —Entiéndelo, quiero que te alejes—di dos pasos hacia atrás—no te quiero cerca otra vez—sin perder mucho tiempo salí corriendo sintiendo la lluvia caer sobre mí. Recordé aquel día y sonreí, bailar siempre me ha gustado pero la lluvia no porque soy una pesca resfriados, es como si los llamara solo con caerme una gota en la cabeza. — ¿Hoy no bailas en la lluvia? —me detuve abruptamente al escuchar su voz, me giré y lo v de pie a unos metros de mí, se acercó lentamente y sonrió—que hermosa eres, ángel—sonreí al escuchar ese apodo otra vez, miré sus ojos cafés fijamente y me sentí atrapada, cautivada. —Dios mío, está lloviendo mucho—dije sintiendo el frio escocer en mi piel—yo…no debería mojarme—miré hacia atrás y vi a lo lejos a Francisco—debo irme—él abrió un paraguas y sacó un suéter tendiéndomelo. —Antes de que te mojes más—lo miré y luego me puso el suéter—vamos, te acompaño—yo asentí y comencé a caminar, por alguna razón estar a su lado se sentía tan bien y tan extraño a la vez. —Gracias…—quise decir s nombre pero no me lo sé. —Thomas—sonreí al escucharlo—Thomas Wallace, un placer ángel—me sonrojé al verlo a los ojos ¿o era fiebre ya? —Ana Lucia—dije y él asintió tomando una de mis manos y llevándosela a los labios para dejar un beso cálido en el dorso de esta. —Un placer Ana—vi a lo lejos a mis hermanos que me hacían señas porque ya me habían visto y yo bufé. —Fue un placer y muchas gracias—tras decir eso salí corriendo dejándolo allí y llevándome su suéter. Sería un claro recordatorio de que era tan real que parecía mentira y también de que en algún momento lo volvería a ver.
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