Al día siguiente, desayunaron todos juntos en la mesa. Jack se sentó a su lado, la pequeña hija seguía durmiendo y las empleadas de la casa murmuraban cuando los veían cerca. Les resultaba raro que Jack se quedará a desayunar y más con Amaia. Sus rodillas se rozaban, ella lamió la cuchara después de revolver el café caliente y él la miro — No juegues con fuego — le dijo sonriendo.
Deja la cuchara encima de la mesa — Estoy por desayunar — sostiene.
Se escuchaban en la casa sus carcajadas de risas, eso hizo que sus empleados se asomen — Parece que alguien pudo dominar el corazón de hielo del señor Jack — dice alegre.
Se tapan la boca y continúan con sus quehaceres de la casa. Amaia quería todo el tiempo tener sexo con ese hombre, lo veía vestido de esa forma tan particular para el trabajo. Mordió su labio y bajo su mano hasta llegar a su abultado parte intima, lo acaricia y hace que se renueva — Nos verán acá — susurra.
Le acaricia un ratito más, gime y lo siente duro — Vayamos arriba — le pide.
También baja su mano y se encuentra con la suya — Debo trabajar, después si — le dice sacándole la mano.
Aquel gesto de su parte hizo que Amaia se moleste, dejo de sonreír y bebió su café. Escucha la silla arrastrándose y de reojos vio que él se levantó para irse. Pero se acercó a ella, le tomo el rostro y dejo un beso en sus labios que la hizo quedar paralizada. Cuando se fue, se tocó con sus dedos los labios y sonrió. Estaba completamente loca por Jack desde el primer momento que lo vio y más por su hija que parecía un ángel.
Después de terminar de desayunar sola, ayuda a limpiar. Escucha que se levanta la pequeña y continúo su día de esa forma las dos juntas haciendo más cosas. Al atardecer, no tenía noticias de Jack y luego en la cena tampoco. Habían comido solas, la baño y logro que se duerma. Agotada también se bañó y se metió en la cama. No tardó nada en quedarse dormida. Aunque en el medio de la noche siente que su cama se hunde en un lado, unas manos recorrieron su cintura y un beso húmedo en su cuello le hizo erizar la piel — ¿ Qué haces acá? — pregunta volteándose.
En la oscuridad no podían verse a los ojos, escucha que sonríe y aún seguía con las manos en su cintura. Ella se acerca más y lo besa, se coloca encima de él y apoya sus manos en su pecho — Vine porque quería sentirte cerca — susurra.
Amaia sonríe al escucharlo decir eso, baja su rostro y besa sus labios. Le toma los dos brazos y se los coloca encima de su cabeza, hace presión y se mueve encima suyo, la voz ronca de Jack era cada vez más pesada y suspira profundamente. Abre su boca para larga un gemido, esa mujer lo dominaba hasta sexualmente, provocaba hacerlo calentar hasta que su m*****o se ponía firme y se excitaba cada vez. Ella baja una mano, sube su cola y empieza a tocarlo, en círculo mueve su mano y la otra mano va a su cuello haciéndole presión — ¿ Te gusta? — le pregunta metiendo su mano dentro de su pijama.
El m*****o de él era ahora tan grande que empezó a masturbarlo, movía rápidamente su mano y se la saca de adentro. Se sienta encima de él y lame su semen, después busca su boca y lo besa, deja varios besos húmedos sobre su cuerpo y sonríe cuando escucha que gime, mueve sin darse cuenta su cintura y con sus manos baja su pantalón dejándolo desnudo frente a su rostro. Aunque aún seguía oscuro eso no le impedía hacer que baje con su boca y encuentre su pene erecto, saca su lengua y lame un lado de m*****o. Escucha un voz entrecortada pero no hace caso y rápidamente abre su boca, mete todo su pene, luego lo saca por completo, repite varias veces el procedimiento y cada tanto él empujaba la cabeza de ella hasta el fondo. Lamia hasta la última gota, después se sacó su pijama quedando también desnuda y sube encima de él, se sienta encajando a la perfección su pene adentro de su v****a y se mueve. Comienza cambiándolo despacio, aumenta el ritmo, siente sus manos en sus pechos y hace su cabeza hacia atrás gozando más de las embestidas. Él también se sienta, la abraza y continúan moviéndose más rápido — Eres increíble — dice agitado.
Gime sin parar, ella misma cambia de posición obligándolo que él la siga en esas poses, se puso en cuatro y la penetró por atrás, puso su rostro en el colchón y él la embestía más fuerte. Agitados, completamente sudados, le pega varias cachetadas en su trasero y saca su pene. Le pone saliva en la punta y la vuelve a penetrar pero la dio vuelta para verla a la cara — Así no me gusta tener sexo — dice agitada y colorada.
Abre su pierna en forma de tijera y deja que él acceda así, no duda. Se escupe la mano y se lo pasa por su m*****o, la penetra de nuevo. Se mueve más lento, de costado la tenía pero eso no le impedía besarla, cada tanto le pasaba la lengua por sus labios y seguía moviéndose. Aumenta su ritmo, escucha como ella ahora gime, eso lo excitaba más y la toma de la cintura para que se mueva también. Acelera el ritmo, apoya su rostro en su brazo y busca sus labios después, la besa y gime mirándola fijamente — Te quiero Amaia — susurra y llega al climax.
Aquella noche habían practicado varias posiciones que lo dejaron completamente agotado. Se durmió en la cama abrazada a ella, aunque no había recibido respuesta de la otra parte dejo pasar eso. Amaia se despierta con él a su lado — Ya debes ir a tu habitación, Jack — lo mueve.
Se queja, le da la espalda — No quiero, sigue descansando — le ordena.
Saca las sábanas de encima de su cuerpo y camina hacia el baño — Ya vete — grita adentro.
Escucha la puerta abriéndose y que se asoma en su ducha — Nos vemos a la noche — dice tomando su rostro para darle un beso en sus labios.
Los meses pasaron, sabía que un día el contrato se terminaría y que debía seguir su camino. Le quedaban dos días en la casa y nunca le había dicho a Jack los términos de lo que firmó con su abuela, mordió sus uñas de los nervios. Cada día su relación se establecía más, él se enloqueció por ella que no la quería soltar ningún minuto hasta su humor había mejorado con el correr del tiempo. La ve parada pensando, sin hacer ruido la abraza por detrás — ¿ Estás bien?— pregunta en su oído.
Se sobresalta pero reacciona al escuchar su voz — Si, estaba pensando no más — dice volteándose para quedar frente a él.
Saca algunos mechones de su cabello del rostro — Siento que algo ocurre, hoy mí abuela hablo de un contrato que tienen. ¿De qué se trata?— pregunta mirándola.