Una historia

1534 Words
Acerca su rostro y besa sus labios para distraerlo — No es nada, ya debe estar por llegar porque vamos hablar — asegura. Escuchan un ruido llegando, se alejan y cada uno mira hacia adelante. La señora mayor aplaude — Me comentaron que se llevaron muy bien en estos meses — exclama. Él se acerca a su abuela y le da un beso en su mejilla — Si abuela. Amaia es excelente — asegura. Amaia hace lo mismo y la saluda — Hola señora — dice tímidamente. Mueve el documento, cierra sus ojos fuertes y pide que no hable pero ya era tarde — Eres libre como ya habíamos hablado, no necesitamos tus servicios y puedes seguir tu camino — comunica. Jack mira a su abuela después a ella sin entender a qué se referían, algo andaba mal porque Amaia lo único que hacía era querer esconderse y no lo miraba a los ojos — ¿Qué sucede? — pregunta. Le entrega el contrato en sus manos y lo lee hasta el final que tenía la firma de ella. Luego observa que ella asiste en cada cosa que le decía la abuela, sonríe sin ánimos y debía irse de ese lugar como llego. Había ahorrado bastante dinero para buscarse donde ir, ya era turno de empezar de cero cómo siempre quiso pero él la detiene tomando su brazo. No dicen nada, su abuela siempre habla cuando ve esa reacción — Jack, ella firmó un contrato que debía alejarse para siempre de mí familia y eso te incluye a ti con la niña. No queremos que se encariñen con una sola chica, la nueva está por llegar — asegura. Rápidamente se acerca a su abuela — No puedes hacerle esto — dice enojado. Amaia queda en el medio del conflicto, suelta su mano y lo enfrenta — No sigas, Jack. Haré lo que hable con tu abuela y será lo mejor para todos. Fue un placer trabajar para usted, gracias por la oportunidad — dice caminando. Una de las empleadas le entrega sus maletas y su mochila, fue la última vez que vio aquel hombre y se subió a un taxi para irse lejos. Observa cómo se va sin detenerse —Haz algo abuela — grita enojado. Aquella desesperación de su nieto le resultó extraña pero se había enterado por su seguridad que clase de mujer era Amaia y toda su familia. Asíque prefiero que se vaya antes de la casa, no quería tener más conflictos y menos cuando eran tan graves en su vida. No era la mujer más ideal para la hija de su nieto y la alejo rápidamente — Es una empleada más, Jack. Ya viene la nueva y te adaptaras — dice caminando hacía la salida. Camina detrás de ella — No es una empleada más, abuela. Es la mujer que empecé amar con locura todo este tiempo a su lado — dice tocándose el pecho. Se voltea a ver a su nieto — Ya es tarde hijo, debes aprender a soltar y continuar tu camino con tu hija — ordena.. Era tarde para decirle lo mucho que la amaba, lo feliz le había hecho en pocos meses y parece una locura pero le enseño a volver amar con pasión. Ya era tarde para todo, Amaia se había ido de una forma tan repentina que no le dio tiempo para frenarla. Pero aquellos besos húmedos quedaron en su recuerdo y más aún cuando pasaron 4 años de su partida. Amaia, la mujer de los besos húmedos siempre tendrá un lugar en su corazón. Se levanta de su asiento —No ahí no puede terminar esa historia de tu amigo —niega con su cabeza mientras se sirve otro trago. Eleva sus hombros –Querías una historia, ya la tienes — le respondió. Le entrega un vaso de whisky y lo señala –Si quería una buena historia para la película pero no me ayudas. Eso que me contaste no puede ser verdad – repite varias veces. Sonríe disfrutando de esa reunión –¿Cómo sabes que no es verdad?, te la conté completa y puedes añadirle más drama si quieres– le dice riéndose. –No caeré en tus juegos, Antón. Necesito una buena historia para presentar porque si no me despiden —le pide desesperado. Le toca su brazo –Te doy trabajo en la empresa, ya no te preocupes Evan– le pide. Se rasca la cabeza y da media vuelta para darle la espalda –Los negocios de inmobiliaria no son lo mío porque …– se queda en silencio. —Oye, ¿estás bien?– pregunto preocupado. Mueve su cabeza, se pasa varios minutos de esa manera en silencio y susurrando. Antón no quiso prestarle atención –Estoy bien— responde dándose vuelta para verlo –Si escuche bien, ese Jack del que hablabas también trabaja en una empresa inmobiliaria, tiene una hija, una abuela y resulta que …– Lo mira fijamente y lo señala –Eres tú – dice emocionado. Los nervios lo consumían, él no era una persona que hablaba tan natural de su vida privada. Con el transcurso de los años aprendió a quedarse callado, observando a todos a su alrededor. Su único amigo de la infancia estaba pasando por un mal momento en su trabajo, y no pensó bien a la hora de contar una historia. Se intentó camuflar bajo otro nombre pero no le quedó más remedio que esquivar cualquier cosa —No lo soy, todos tienen hijas y abuelas. – le dice molesto. Se levantó de su asiento, abrió sus brazos –No puedo creer que estés diciéndolo de verdad y esa historia en verdad no existe – dice temeroso. Evan podía descubrir cuando Antón mentía, lo mira fijamente –¿Existe en verdad esa Amaia?–pregunta curioso. Quería ayudar a su amigo en el mundo de las películas pero no podía volver nuevo al pasado, Amaia había sido una de las pocas mujeres que supo romperlo en vida. Camina hacia la ventana dándole la espalda —Usa esa historia para tu borrador, te ayude demasiado —le dice nervioso. — ¿Una mujer le rompió el corazón al gran Antón Rodríguez? —pregunto riéndose. Intento acercarse a su amigo pero lo sintió distanciado, perdido en sus pensamientos y mirando hacia el horizonte. Le preocupo verlo en ese estado —Oye, amigo era una broma. ¿Por qué nunca me contaste de esa mujer? — pregunto. Negó con su cabeza —Porque es algo del pasado, ¿no era que necesitabas una historia? — Pregunto y molesto lo miro —Ahora vete porque tengo que trabajar— le ordeno. —Muchas gracias, creo que poder hacer algo con lo que me contaste — le dice sonriendo. Mira hacia atrás —Cierra la puerta cuando te vayas— le dice. Trago saliva nervioso, al recordarla en cada parte y ya haber contado su historia hacia que más le duela. Se había refugiado en la crianza, se convenció en olvidarla y seguir adelante pero no sabía olvidar, ya no podía disimular más. Varias veces quiso llamarla, saber algo de su vida aunque le duela y su mundo se le dio vuelta en muchos aspectos. Sin querer queriendo regreso 4 años atrás, su cabeza imagino esa parte y no pudo detenerse. —¿Por qué la dejaste ir abuela? — pregunto. Le toco el hombro —Debes entender que lo importante es tu hija, ya no puede ser una mujer — le dice mirándolo. Suspiro, se quedó parado mientras veía como la mujer de su vida se iba delante de sus ojos y no hacía nada —Debo ir a buscarla— dice nervioso. Su abuela se había puesto delante de él, y le agarro su mano —No debes ir porque esa mujer solo tenía un contrato conmigo y nada más, jugo contigo— le dice molesta. Se suelta de su abuela —No te creo— le dice molesto. —Si vas tras ella puede que no veas más a tu hija, sabes que no juego— lo amenazó. No se quedó escuchando a su abuela, corrió atrás de ella —Amaia — grito. Se detiene —No, ahora no — le repite varias veces. —¿Es verdad lo que dice mi abuela?¿Solo me usaste? — pregunto mirándola. Quiso preguntarle pero no le respondía, solo agacho su mirada y se quedó en silencio. Esa mujer no le quería decir la verdad —Solo necesito que me digas, Amaia— le pide casi a gritos. —Fue todo un negocio — le dice llorando. Se había disfrazado frente a él de inocente, no iba hacer fácil sacarla de su corazón y se vio derrotado por amor —Es mentira, si sentiste lo mismo que yo y no puedes fingir — dice desesperado. El chofer que le había puesto su abuela le tomó del brazo —Es hora de irnos— le ordeno. Observo como se marchaba, volvió a su abuela —No puedes dejar que se vaya— le pide. —Debes cumplir con la empresa, tu hija y lo demás, sabes muy bien— le dice yéndose.
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