bc

El legado de la Alfa Tenebrosa – La sombra que dejamos entrar

book_age18+
2
FOLLOW
1K
READ
revenge
dark
fated
badboy
drama
serious
city
pack
high-tech world
another world
secrets
like
intro-logo
Blurb

Sinopsis Después de sobrevivir a innumerables batallas y pérdidas desgarradoras, Neriam, la imponente Alfa del Norte y gobernante de los dominios del Oeste y Sur, ha encontrado finalmente un rayo de paz. Junto a Ángel, su compañero destinado, ha comenzado a construir una nueva vida, llena de amor, esperanza y un futuro prometedor para su legado.

Pero la calma es efímera. Mientras Neriam y Ángel disfrutan de su unión, celebran su matrimonio y reciben la bendición de un hijo, un enemigo oculto acecha en las sombras, dispuesto a destruir todo lo que ella ha logrado. Adrik Veyron, un hombre misterioso y encantador, se convierte lentamente en una amenaza silenciosa, ganando influencia incluso sobre los que más ama Neriam, incluyendo a Sara, la hermana de Ángel.

En esta segunda entrega, los lazos familiares y las alianzas se pondrán a prueba. La paz recién encontrada será desafiada, los secretos del pasado resurgen, y Neriam deberá enfrentarse no solo a las fuerzas externas que buscan su caída, sino también a los dilemas internos de proteger su corazón y su legado.

Entre la pasión, la traición y la intriga, “El legado de la Alfa Tenebrosa – La sombra que dejamos entrar” te llevará a un mundo donde la oscuridad acecha incluso en los lugares más inesperados, y donde el verdadero poder de un Alfa se mide no solo en fuerza, sino en la capacidad de mantener unidos a los suyos.

chap-preview
Free preview
Capitulo I
La calma que elegimos El viento del Norte ya no traía guerra. Por primera vez en años, no arrastraba el eco de gritos, ni el olor metálico de la sangre derramada en nombre del poder. En su lugar, susurraba entre los árboles como una promesa… como si el mundo, al fin, hubiera decidido darles un respiro. Neriam lo sabía. Lo sentía en cada rincón de su piel. De pie en el balcón de piedra del gran salón, observaba cómo la neblina se deslizaba entre los bosques que ahora le pertenecían no solo por derecho… sino por conquista. El Norte estaba en paz. El Oeste se mantenía firme. Y el Sur, aunque siempre impredecible, había aprendido a respetar su nombre. Su legado. Sus dedos se apoyaron suavemente sobre la baranda fría. Ya no llevaba el peso del pasado como antes. Las cicatrices seguían ahí, invisibles para muchos… pero no para ella. Ni para él. —Te estás perdiendo el amanecer —dijo una voz grave a su espalda. Neriam no se giró de inmediato. Una leve sonrisa curvó sus labios. —El amanecer siempre vuelve… —respondió con calma—. No puedo decir lo mismo de la paz. Sintió su presencia antes de que sus brazos la rodearan. Ángel. Su calor era distinto. No era fuego que quemaba como el de su pasado… era un fuego que sostenía. Que permanecía. —Entonces deberías aprender a disfrutarla —murmuró él junto a su oído. Neriam cerró los ojos por un instante. Aprender. Qué palabra tan sencilla… y tan difícil para alguien que había vivido esperando el próximo ataque. —Lo intento —admitió. Ángel apoyó el mentón sobre su hombro, observando el horizonte con ella. Durante unos segundos, ninguno habló. Y ese silencio… no era incómodo. Era hogar. —Hoy vendrán los emisarios del Sur —dijo él finalmente—. Quieren formalizar el acuerdo. —Lo harán —respondió Neriam con seguridad—. Ya no tienen motivos para desafiarme. —Siempre hay alguien que cree que sí los tiene. Ella giró levemente el rostro, encontrándose con sus ojos. —Entonces que lo intente. Ángel sonrió, pero había algo en su mirada… algo que no pasó desapercibido. Preocupación. —No todo se resuelve con fuerza, Neriam. —No —concedió ella—. Pero todo empieza con ella. El silencio volvió a caer entre ambos, más denso esta vez. Fue entonces cuando una suave voz rompió la escena. —Interrumpo algo importante… ¿o solo un momento dramático digno de ustedes dos? Neriam se separó apenas lo suficiente para ver a Sara apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa traviesa dibujada en el rostro. —Siempre interrumpes —dijo Neriam, pero su tono no era frío. Sara entró al balcón con pasos ligeros. —Alguien tiene que asegurarse de que los grandes líderes del Norte no se vuelvan aburridos. Ángel soltó una risa baja. —Imposible con ella —dijo, mirando a su hermana. Sara cruzó los brazos, observando a Neriam con una chispa curiosa. —Así que… ¿es cierto? Neriam alzó una ceja. —Depende de lo que hayas escuchado. Sara sonrió más ampliamente. —Que finalmente decidieron dejar de vivir como si la guerra fuera a volver mañana. Ángel miró a Neriam. Neriam no respondió de inmediato. Porque, en el fondo… esa era la única verdad que aún no podía prometer. —Estamos intentándolo —dijo al fin. Sara asintió, pero por un segundo… su mirada se desvió hacia el horizonte. Lejos. Como si algo invisible la hubiera llamado. Nadie lo notó. El viento sopló con más fuerza en ese instante, arrastrando un frío extraño… distinto. Y aunque el cielo seguía despejado, y la paz parecía intacta… En algún lugar, lejos del Norte… alguien ya estaba observando. Esperando. Sonriendo. El silencio que siguió no fue incómodo… pero tampoco completamente tranquilo. Neriam lo percibió. Esa sensación… sutil, casi imperceptible, como una grieta diminuta en una estructura perfecta. No era peligro. No todavía. Pero era algo. Y ella había aprendido, a lo largo de los años, a no ignorar ese tipo de sensaciones. —¿Qué ocurre? —preguntó Ángel en voz baja, notando el leve cambio en su expresión. Neriam parpadeó, regresando al presente. —Nada —respondió—. Solo… el viento. Sara rodó los ojos con dramatismo. —Por favor, dime que no vamos a empezar con esas frases de alfa mística que siente cosas en el aire. Ángel soltó una risa, y Neriam negó suavemente con la cabeza. —Tranquila, Sara. Si sintiera algo realmente importante, ya estaríamos en guerra. —Genial —respondió ella—. Qué reconfortante. Pero aunque el momento pareció disiparse, Neriam no pudo ignorar del todo esa ligera inquietud que se instaló en su pecho. Y no le gustó. —Deberías prepararte —dijo finalmente, girándose hacia el interior—. Los emisarios no tardarán en llegar. —Ya estoy lista —contestó Sara—. Siempre lo estoy. Ángel levantó una ceja. —Eso dijiste la última vez… y terminaste insultando a un delegado del Oeste. —Se lo merecía —replicó ella sin remordimiento—. Nadie mira así a mi hermano sin consecuencias. Neriam esbozó una leve sonrisa. —Entonces hoy intentemos mantener la diplomacia… al menos durante los primeros diez minutos. Sara suspiró exageradamente. —Está bien. Diez minutos. Después no prometo nada. Los tres regresaron al interior del castillo, donde la vida comenzaba a desplegarse con la precisión de una maquinaria perfectamente organizada. Sirvientes caminaban con rapidez pero sin caos, guardias se posicionaban en sus lugares, y el gran salón ya estaba siendo preparado para recibir a los visitantes. Todo funcionaba. Todo estaba en orden. Tal como Neriam lo había construido. Mientras avanzaban por los pasillos de piedra, Ángel tomó la mano de Neriam con naturalidad. Ese gesto, simple… cotidiano, era algo que aún la sorprendía. Antes, cada contacto era un recordatorio de poder, de alianzas o de necesidad. Con él… era diferente. Era elección. —Después de la reunión —dijo Ángel—, deberíamos ir al lago. Neriam lo miró de reojo. —¿Al lago? —Sí —respondió él—. Sin guardias. Sin responsabilidades. Solo nosotros. Ella guardó silencio por un momento. —Eso suena… peligroso. Ángel sonrió. —Lo sé. Sara, que caminaba unos pasos adelante, se giró de golpe. —Un momento. ¿Van a desaparecer sin avisar? —No desaparecer —corrigió Ángel—. Ausentarnos brevemente. —Claro —dijo ella con ironía—. Eso siempre termina en problemas. Neriam observó a ambos, y por un instante… el peso del mundo pareció realmente más ligero. —Quizás —dijo—. Pero es un riesgo que estoy dispuesta a tomar. Sara entrecerró los ojos, evaluándola. —Definitivamente algo está cambiando contigo. —Todo está cambiando —respondió Neriam con calma. Y esa vez… lo decía en serio. El gran salón los recibió con su habitual imponencia. Las columnas altas, las antorchas encendidas y los estandartes del Norte ondeando con orgullo creaban una escena que imponía respeto incluso antes de que alguien hablara. Neriam avanzó hasta su lugar. El trono. No dudó al sentarse. Nunca lo hacía. Ángel permaneció a su lado, no detrás. Nunca detrás. Su lugar no era el de subordinado… era el de igual. El de compañero. Sara se posicionó más cerca de la entrada, cruzada de brazos, observando cada detalle con atención. Aron, Marion y Kael tambien presentes observaban todo en silencio. Los emisarios no tardaron en llegar. Tres hombres y una mujer. Sus ropas indicaban claramente su procedencia: el Sur. Elegantes, pero funcionales. Refinados, pero preparados. Sabían dónde estaban. Y sabían ante quién se encontraban. —Alfa Neriam —saludó el que parecía ser el líder, inclinando ligeramente la cabeza—. Es un honor. —El honor depende de lo que traigan consigo —respondió ella sin rodeos.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Querida Esposa, eres mía

read
98.7K
bc

Si, aceptó ser su esposa sustituta señor Parrow

read
43.2K
bc

Amor a la medida

read
117.7K
bc

EL JUEGO PERFECTO

read
52.5K
bc

Atracción Obsesiva

read
4.2K
bc

Amor Robado

read
59.2K
bc

Mi Deuda con el Mafioso

read
11.8K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook