—¡Te dije que salieras ya mismo de mi habitación Tristan!— Grito ya exasperada como perro con rabia apunto de atacar.
Como lo odio.
Su sonrisa arrogante se hace más grande y da un paso más cerca de mí.
Esa sonrisa que me dan ganas de borrarle con un puñetazo no desaparece, por instinto retrocedo, chocando con mi escritorio, donde hay un revoltijo de libros, notas, trabajos y papeles por doquier.
Trago grueso al ver como el no se detiene, sino que sigue avanzando más hacia mí.
— ¡Sal ya idiota!— Vuelvo a gritar exasperada mientras me lleno de cólera.
Aprieto más el agarre a mi paño, las gotas de agua bajan aun por mi cuerpo, y sus ojos Cafés oscuros me observan descaradamente de pies a cabeza con hambre.
Tristan muerde su labio inferior humedeciendolo mientras observa mis piernas descubiertas.
— Tristan largo.— Lo observo directamente a los ojos, esos ojos color gris nublados resplandecientes cubiertos de lujuria que no se despegan ni un segundo de mi pequeño cuerpo tembloroso.
— Y si no quiero salir Ambar.— Su voz sale áspera y ronca, un jadeo escapa de mi boca al escuchar la intensidad de sus palabras provocando una corriente que atraviesa todo mi cuerpo haciéndome temblar en mi lugar.
¡Dios que sexy creo que mi corazón va a salir de mi pecho!
Da un paso más y queda justo frente de mi, tan solo unos escasos centímetros lejos de mi cuerpo, y el paño que es lo único que me cubre mi pequeño y diminuto cuerpo desnudo.
Trago grueso al ver la lujuria clara en sus ojos como recorre mi cuerpo.
Mis ojos traviesos bajan por su pecho descubierto, solo lleva un mono de mezclilla y un pequeño paño en su mano, dejando a la vista sus perfectos abdominales y brazos bien ejercitados, además de la clara hilera de sus tatuajes en su brazo derecho.
Imagino que acaba de salir del gimnasio de la casa.
Su cabello húmedo y desordenado lo deja bastante claro.
Sus perfectos abdominales bien marcados y trabajados descubiertos, mientras pequeñas gotas de sudor bajan por el, y la elástica de su boxer blanca con letras negras marcando la perfecta V que se forma al final de su abdomen.
¿¡Dios por qué tiene que estar tan bueno!?
Aparto mi vista de su bien trabajado cuerpazo, me siento como una pervertida mirándolo y estas no son las mejores circunstancias para querer violarlo con la mirada.
Escucho su sonrisa de imbécil más marcada en su perfecta mandíbula cuadrada.
— Hermosa vista, imagino que tu debes tener la misma.— Ruedo los ojos con fastidio y molestia al escuchar el sonido de diversión en su perfecta voz burlándose de mí.
— Ya largo Tristan.— Lo desafío con la mirada, no quiero que vea lo mucho que me afecta su cercanía o el hecho de su cuerpo semidesnudo cerca del mío.
El da el último paso hacia mi recortando la distancia entre nosotros, mientras apoya sus manos a mi lado sobre mi escritorio.
Mientras yo termino casi que de sentarme sobre mis libros.
— Tristan— Chillo.
Él sonrie abiertamente mostrando su perfecta dentadura._ Ambar._ Su voz es divertida.
— Acaso hablo c***o que no entiendes, ¡Largo de mi habitación!— Chillo nuevamente, no lo quiero cerca de mí.
Mucho menos en estas circunstancias solo nubla mi razón.
— Tu me debes muchas pequeña rubia chillona, y es hora de cobrarte— su sonrisa de diversión no desaparece.
— Ya largo Intr....
No termino de insultarlo cuando él mete su cara en mi cuello y comienza dejar besos mojados en él sin ningún remordimiento.
Mi respiración se detiene y quedo inmóvil por la impresión sin saber qué hacer.
Mi corazón comienza acelera rápidamente con la sensación de su cuerpo pegándose al mío y sus besos, un jadeo sale de mis labios cuando su cabello húmedo y desordenado roza mi cuello, intento no temblar pero es inútil mis piernas parecen gelatina tan solo por sus roces y cercanía, mientras mi respiración se torna pesada.
No entiendo por qué no intento alejarlo.
Simplemente estoy en shock.
Su respiración caliente acaricia mi cuello despertando mis hormonas y poniéndolas por el cielo, intento alejarlo pero es inutil no puedo usar mis manos, porque sino se cae mi paño y eso seria peor.
Él se inclina más y usa su mano libre sosteniendome de mi cintura con fuerza para que no me mueva, dándole un pequeño apretón, mandando unos escalofríos bastante electrizante y seductores por todo mi cuerpo lujurioso.
Sin darme cuenta hecho mi cabeza hacia atrás para darle más espacio y un par de gemidos escapan de mi boca sin poder evitarlo.
— Tristan— Gimo en su oído y lo siento estremecerse, nuestros cuerpos pegados y mojados no ayudan mucho.
Él gruñe en mi oído y lo siento ponerse duro como roca en mi abdomen bajo.
Demasiada tensión s****l.
Intento alejarlo pero es inútil su cuerpo es mucho más grande que el mío y su fuerza es mayor.
Tampoco es que yo haga ya mi mayor esfuerzo, sus caricias y lamidas no me dejan pensar ni siquiera puedo evitar querer aferrarme a su cuerpo por la deliciosa sensación que se forma en mi cuerpo haciéndome estremecer.
Pero mando mi conciencia a la mierda junto con mi razonamiento y me olvido de todo y disfruto de los besos de Tristan en mi cuello llevándome a la locura, deja pequeños besos húmedos a lo largo de mi piel, hasta que llega a el lóbulo de mi oreja y lo chupa ligeramente dándole un pequeño mordisco, Mis piernas de gallina tiemblan y siento que si no fuera por su mano en mi cintura y que estoy sentada en el escritorio estaría en el piso.
¿Qué mierda me está haciendo?
Estoy temblando y soltando incoherencias por mi boca, mientras pequeños hilos de placer mezclados con la lujuria y el deseo me dejan sin aliento, con el corazón acelerado como loco y la cabeza hecha un lío.
Una pequeña presión nace en la parte baja de mi vientre, no puedo creer que estoy tan mojada y con las hormonas por los cielos por tan solo unos besos y roces en mi cuello.
Su respiración se acelera tanto como la mía, él está tan afectado por esto como yo, claro que yo soy la que está en paño, y totalmente desnuda bajo este, el no, aprieto más el agarre de mi paño en mi pecho, cuando siento que besa un lado de mi cara y se sigue moviendo a través de mi mejilla, hasta que siento la presión de sus labios en la comisura de los míos.
Abro mi boca en anticipación esperando ese beso con más anhelo del que quisiera admitir.
Pero se detiene, todo acaba, y él se aleja de mí de golpe.
Abro mis ojos y veo cómo su pecho sube y baja por todo lo del momento, pero aun así lleva su típica sonrisa arrogante en sus labios.
— Tan desesperada estás porque te bese Ambar, que cliché— Se burla él idiota con su sonrisa de victoria.
Mi mente nublada por el deseo comienza a ver con claridad la situación, devolviendome a la clara realidad, el solo estaba jugando conmigo.
Su sonrisa no desaparece, pero ahora que mi mente se esta aclarando la rabia inunda todo mi cuerpo y en vez de estar casi derretida por el placer de sus besos las ganas inmensas de arrojarlo por mi balcón se hacen gigantes.
Me siento más patética que nunca en la vida.
Y ahora un apretón en mi pecho me roba el aliento, pero contengo las ganas inmensas que tengo de llorar.
Jamas permitiria que este idiota me viera de esa forma.
No quiero que vea que me ha lastimado.
— Largo— Susurro agachando la cara mirando mis pies conteniendo mis lágrimas.
— Disculpa no te oí ¿Qué dijiste?— se burla Tristan, aunque se muy bien que me escucho claramente bien.
Y solo eso me lleva al límite de mi paciencia, y solo quiero estrangularlo ahora.
¿Cómo alguien puede ser tan imbécil?
— ¡Que te vayas idiota!, ¡lárgate de mi vida, de mi casa! ¡Y de mi cuarto intruso!— Grito a todo pulmón conteniendo mis ganas de llorar.
— Claro Princesa— su risa ronca inunda el silencio que se hace, solo el sonido de nuestras respiraciones agitadas es presente, escucho sus pasos, pero no me atrevo a subir la mirada para verlo marcharse.
Subo la mirada lentamente y ya no esta en mi habitación, camino furiosa a la puerta y cierro de un portazo azotando la puerta con furia.
— ¡Te odio Tristan Evans, Te odio!— Grito mientras las lágrimas caen por mi rostro humedeciendolo completamente.