—Ay no Anthuam por qué tenías… por qué… ¿Qué haces aquí? Ella estaba descubierta, solo pensaba en que ya no podría seguir engañándolo más. Anthuam se mantuvo tranquilo aunque estaba molesto. —¿Que hago aquí?, en serio te atreves a preguntar eso—se pasaba la mano por la barbilla—Es mi empresa, además creo que soy yo quien debe hacer esa pregunta. —Ehm bueno, pero no es para tanto…—quiso hablar Humberto. —¡Callate infeliz! Fuera de aquí y tú vístete, se van los de aquí. —Vamos a hablar y te explico todo. —Cuento cinco y no los veo. —Creo que no deberías reclamar nada, al fin y al cabo estás casado con mi hija, ¿o acaso es una farsa?. —Querido suegro estás en mi empresa, esto no es hotel, salgan de aquí. Los sinvergüenzas salieron de la oficina. Anthuam espero un momento para no enco

