Anthuam despertó por qué sentía dolor y se dió cuenta de que su esposa tenía la cabeza apoyada al borde de la cama. Quería acariciar su mejilla pero el molestos yeso se lo impedía, se quejó muy fuerte por que sintió gran dolor en la pierna y la rubia se despertó exaltada y dió un brinco de su silla. —¡Que!, ¡qué!,¿ te duele?, la enfermera, la enfermera. Se movía como loca y esto causó risa al chico, quien desde la cama le habló para que se calmara. —Oye, oye, cálmate si me duele mucho, pero no es para que te alteres tanto. Vanesa se calmó y pasó sus manos por el pecho. —Ok, ok, respira Vanesa, ok, voy por la enfermera. —No es necesario oprime ese botón rojo. La chica lo hizo y enseguida llegó una enfermera suministro un calmante y Anthuam mejoró. —Perdón por asustarte, en realidad

