Daelis se negó a llamarlo “Rey” y todas se dieron cuenta. Por otra parte, Rhaegor dejó el trozo de carne sobre la mesa. Se quedó mirándolo un momento, como si necesitara ese segundo para procesar lo que había escuchado, aunque en el fondo ya esperaba una noticia similar, en el fondo ya había perdido esperanzas de encontrar al maldito escurridizo de su hermano. Con un suspiro cansado, buscó un pañuelo entre los pliegues de su ropa, lo encontró, y comenzó a limpiarse las manos con una calma que no correspondía del todo con la tensión que empezaba a apretar sus mandíbulas. —¿Así que buscaron por todos los rincones de esta ciudad? —preguntó, con la voz baja, volteándose para mirarlas a todas. —Por todos, Su Alteza—confirmó Daelis, sin vacilar. Radina se acercó entonces. Rodeó la mesa sin p

