Capítulo 19

1324 Words
Camila se dio la vuelta y se alejó después de terminar de hablar. Pamela se sentó en el suelo, mirándole la espalda, y gritó furiosa: —¡Camila, haré que mi hermano te abandone, perra! Camila la ignoró y soltó una risa burlona. ¿Abandonarla? No le tenía miedo. Al principio estaba preocupada por el matrimonio, pero después de firmar el acuerdo de divorcio ya no temía nada. Aquello era solo un trato. Evidentemente, Gabriel Montalbán tenía su propio propósito. Aunque aún no lo conocía, mientras siguiera siendo valiosa para él, ¡nunca la abandonaría! Camila no regresó inmediatamente a la villa. El enfrentamiento con Pamela la había dejado alterada, así que fue a la plataforma de observación al sur para despejarse. Tal vez debía empezar a hacer un plan a largo plazo. Ahora que había firmado un acuerdo tan desigual, no solo usaría la identidad de esposa de Gabriel Montalbán para mantener a Pamela a raya. Lo más importante era recuperar Industrias Taylor, la única propiedad que había pertenecido a su madre. ¡Nunca permitiría que Mauricio la siguiera controlando! Camila estaba en la plataforma, pensando en cómo recuperar Industrias Taylor, que Mauricio le había arrebatado. De repente, escuchó pasos detrás de ella. Al principio no le dio importancia y se hizo ligeramente a un lado. El terreno en Darmstadt era costoso, pero había muchas villas en la zona. La plataforma ofrecía una vista panorámica excelente, por lo que muchas personas solían visitarla. Sin embargo, el sonido de los tacones golpeando la losa de piedra se acercaba cada vez más. Entonces giró la cabeza para mirar. La persona detrás de ella era Pamela. Camila no pudo evitar fruncir el ceño. —Pamela, eres como una sombra. ¿Por qué no estás con Mauricio? ¿Por qué me sigues molestando todo el día? La expresión de Pamela ya no era la misma de antes. Volvió a esbozar su sonrisa burlona. —Camila, la que persigue a Mauricio todo el día eres tú. Pero después de hoy, estoy segura de que nunca volverá a hablar contigo. Camila no se molestó en aclarar que no tenía ningún interés en Mauricio. Sin embargo, las palabras de Pamela le parecieron extrañas. ¿Por qué Mauricio cambiaría su actitud después de hoy? Mientras se lo preguntaba, Pamela corrió de repente hacia ella. Los ojos de Camila se abrieron con horror. Estaban en el mirador y debajo había un acantilado. No era demasiado alto, pero cualquiera podría resultar gravemente herido si caía desde allí… Sus músculos se tensaron al instante y adoptó una postura defensiva. Sin embargo, cuando Pamela se lanzó hacia ella, en lugar de empujarla fuera del mirador, le agarró la mano. Luego se dio la vuelta… y se dejó caer desde la plataforma. En ese momento, Camila, por instinto, intentó sujetarla. Pero Pamela apartó su mano en el aire, provocando su propia caída… ¿Qué había pasado? ¿Acaso Pamela ya no quería vivir? Antes de que Camila pudiera reaccionar, una ráfaga de viento le silbó en los oídos: alguien más había saltado. Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, pero Camila logró reconocer su espalda con claridad. ¡Era Mauricio! Camila soltó una risa burlona al ver a los dos abrazados bajo el acantilado. Sin embargo, tras la mofa, el dolor no tardó en aparecer. Sí, después de todo lo ocurrido, ya no sentía nada por Mauricio excepto el arrepentimiento de haberse enamorado del hombre equivocado. Aun así, no pudo evitar la tristeza al verlo lanzarse al vacío sin dudarlo. Al principio, Mauricio la engañó fingiendo una disfunción s****l para poder estar con Pamela a sus espaldas. Al recordarlo, Camila sintió que su entrega pasada no había valido la pena. Cuando se conocieron, él era un joven pobre y sin nada, mientras que ella era la heredera de la familia Taylor; podía tener el mundo a sus pies con solo pedirlo. Sin embargo, aquella joven rica renunció voluntariamente a todo por amor. Rompió lazos con los Taylor y abandonó una vida de lujos por él. Pero, a lo largo de los años, ¿qué le había dado Mauricio además de mentiras y promesas vacías? Recordó aquella gripe que azotó al país hace años. En un clima de pánico absoluto, nadie se atrevía a salir y Mauricio se infectó. Sus amigos le dieron la espalda, pero Camila lo cuidó sola durante más de diez días. En aquel entonces, no le importó el riesgo de contagio ni su propia vida; solo le importaba él. Al final, ¿cómo le pagó Mauricio? Ella no buscaba recompensas, ¡pero jamás esperó una traición semejante! No obstante, al ver a Mauricio saltar del acantilado por Pamela, Camila tuvo una epifanía: no era que él no tuviera conciencia o no entendiera lo que era el amor, sino que nunca la había amado. Probablemente, al principio, solo se acercó por su estatus en la familia Taylor. Como nunca fue amada, jamás recibió un gesto genuino de su parte. Ese pensamiento la inundó de tristeza. No sufría por Mauricio, sino por el peso de saber que todos sus esfuerzos durante años no habían sido más que una broma cruel. Abajo, ambos colgaban del acantilado, abrazándose con fuerza mientras Pamela lloraba débilmente en sus brazos. Tras confirmar que no corrían peligro de caer, Camila les dio la espalda y se marchó. A solo unos pasos de distancia, Mauricio subió los escalones con Pamela en brazos. Al ver la espalda de Camila, gritó furioso: —¡Camila, detente! Al escuchar su voz, Camila se detuvo sin saber muy bien por qué. Quizá solo quería comprobar hasta dónde podía llegar la vileza de Mauricio. Se dio la vuelta y se encontró con su mirada, cargada de furia y desprecio. —Camila, no esperaba que fueras tan cruel. ¿Sabes que casi la matas? Camila mostró una expresión de incredulidad y luego soltó una risa sarcástica. —¿Qué fue lo que hice? —Empujaste a Pamela por el acantilado. ¿No lo sabes? Si no fuera porque no es tan alto, ¡podría haber muerto! —la acusó con rabia. —¿Me viste empujarla? —respondió Camila con calma—. Cuando llegaste, ella ya había caído, ¿no es así? No viste lo que ocurrió, entonces ¿por qué me acusas sin pruebas? —Camila, estás completamente loca. Solo estaban ustedes dos en el mirador. Si no la empujaste, ¿acaso quieres decir que Pamela saltó sola? —la miró como si estuviera frente a una demente. A Camila le pareció irónico. No sabía por qué seguía intentando explicarse. Después de todo, Mauricio jamás le creería. Y aun así, no podía quedarse callada. —¡Claro que es posible! Pamela haría cualquier cosa con tal de retenerte. Como ves, nadie muere al caer desde aquí; como mucho, se lastiman un poco. Mírala. No había rastro de sumisión en sus ojos. Mauricio vaciló por un instante. Pero en ese momento, Pamela, todavía en sus brazos, gimió y se aferró a su camisa. —Mauricio… me duele mucho el tobillo. Creo que me lo torcí. No culpes a Camila, fue mi culpa. Vine a disculparme con ella. Después de todo, ahora está casada con mi hermano. Si él no está de acuerdo, nosotros no podremos casarnos. Solo quería que me perdonara… pero no esperaba que… —sollozó—. En fin, fue mi culpa. La hice enojar y por eso me empujó… Actuaba de manera impecable. Camila no pudo evitar aplaudirla mentalmente. Frente a ella, Pamela la llamaba “perra” con arrogancia; pero ante Mauricio, se transformaba en una mujer frágil e indefensa. No era extraño que Mauricio cayera en su actuación. Tal vez por eso Camila había perdido. Después de todo, ella nunca sería como Pamela. —¡Camila, estás enferma! —exclamó Mauricio, completamente furioso tras escuchar a Pamela. Dejó a Pamela apoyada a un lado y avanzó con determinación hacia Camila.
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