Capítulo 2

1642 Words
—¿Mejores amigas? —escupió Camila, temblando de rabia—. ¡Que te jodan! Fuera de sí, levantó la mano para golpear a Pamela. ¿Mejor amiga? ¿Desde cuándo una mejor amiga codicia al prometido de otra? ¿Desde cuándo una mejor amiga se le acerca en secreto, lo seduce, conspira a sus espaldas? ¿Desde cuándo una mejor amiga la incrimina y la hace dormir con otro hombre para destruirle la vida? Antes de que su mano alcanzara el rostro de Pamela, Mauricio le sujetó el brazo con brutalidad. Al mismo tiempo, salió del coche, la empujó sin miramientos y Camila cayó al suelo con fuerza. El dolor le recorrió el cuerpo, pero fue nada comparado con la humillación. —Camila —la reprendió con una voz tan fría que parecía de acero—. Pamela y yo vamos a comprometernos. Muy pronto será mi esposa. No permitiré que una loca como tú la lastime. Si vuelves a levantarle la mano, te enviaré directamente a la cárcel. La sangre de Camila pareció congelarse. El hombre que tenía delante… ya no era el Mauricio que había amado. ¿O acaso nunca lo fue? ¿Había sido engañada desde el principio por una máscara cuidadosamente construida? La había insultado, menospreciado, tratado como una estúpida. Cuando lo conoció, ella tenía padres, un hogar cálido y era la heredera natural de Industrias Taylor. Él no era más que un estudiante pobre, sin respaldo ni futuro. Y, sin embargo, en apenas cinco años, Mauricio se convirtió en el poderoso presidente de la empresa… mientras ella quedaba reducida a la nada. Qué ironía. Qué tragedia tan absurda. ¿Por qué su vida se había vuelto tan ridícula… tan miserable? —Mauricio, no seas tan duro con Camila —intervino Pamela con voz suave, fingiendo compasión—. Ella sigue siendo mi mejor amiga. Mauricio, tengo algo que decirle a Camila. Espérame en el coche, ¿sí? Le tomó la mano con delicadeza. —Está bien —respondió Mauricio, asintiendo. Antes de subir al coche, le lanzó a Camila una mirada de advertencia. Era una amenaza clara: si se atrevía a tocar a Pamela de nuevo, no habría piedad. Ese gesto fue la última puñalada. En un instante, Camila se sintió completamente sola. Cuando Mauricio se alejó, Camila se levantó del suelo. Su ropa estaba arrugada, su dignidad hecha trizas. Miró a Pamela con los ojos ardiendo de odio. —Te odio —dijo con voz temblorosa pero firme—. Eres despreciable. Desvergonzada. Dime… ¿quién fue el hombre de anoche? Pamela soltó una risa burlona. —¿De qué hablas? —respondió con sarcasmo—. Tú sabes perfectamente con quién te acostaste. Si lo sabes, ¿para qué me preguntas? ¿Crees que yo estuve ahí? —¡Me tendiste una trampa! —rugió Camila—. ¡No te hagas la inocente! Pamela se acercó lentamente, inclinándose hasta susurrarle al oído, con una sonrisa venenosa: —¿Y qué si fue así? Ya rompiste con Mauricio. ¿Qué puedes hacer ahora? —Se lo diré a Mauricio —respondió Camila con frialdad. Pamela se echó a reír. —Adelante. Él ya lo sabe. ¿De verdad crees que Mauricio te ama? Qué ridícula eres. Su voz se volvió cada vez más cruel. —Si te hubiera amado, ¿por qué no te tocó en los últimos tres o cinco años? ¿Creíste de verdad que su problema fue por el accidente de coche? Te mintió. Cada palabra era una daga. —Ese accidente fue planeado —continuó—. Todo para no tener que acostarse contigo. Y tú… ni siquiera lo notaste. Qué ingenua eres. Pamela estaba eufórica. Durante años había soportado fingir amabilidad frente a Camila. Ahora, por fin, podía decirlo todo. Disfrutaba cada segundo. Especialmente al ver la expresión destrozada en los ojos de Camila. —Además —añadió con arrogancia—, durante los últimos tres años fui yo quien se acostó con Mauricio. Tú solo eras parte del plan. Convertirte en su prometida fue una jugada más. Soltó una carcajada estridente. —Incluso tu “engaño” fue planeado por los dos. Todo para quedarse con el último 30 % de tu capital. ¡Ja, ja, ja! Con las manos en la cintura, Pamela imitó la expresión de Mauricio y se burló: —“Camila, apestas. No eres más que una inútil que lleva cinco años sin trabajar”. Tras terminar de humillar a Camila, Pamela se acomodó con elegancia en el asiento del copiloto del coche de Mauricio, como si ya fuera la legítima dueña de todo. Cerró la puerta con calma aristocrática y el vehículo arrancó sin mirar atrás. Camila quedó sola. Sola y destrozada. Las lágrimas rodaban sin control por su rostro. Arrepentimiento, resentimiento, dolor… todo se mezclaba en su pecho como un torbellino que la asfixiaba. Sin embargo, incluso en medio del colapso, había algo que no se rompía: su terquedad. Todo había sido un plan. Un plan meticulosamente diseñado por Mauricio y Pamela. El amor había sido falso. ¡El compromiso no era más que un disfraz! ¡El supuesto engaño fue una trampa cuidadosamente calculada! Todo… absolutamente todo, había sido creado para arrebatarle Industrias Taylor, la herencia que su madre le había dejado. Camila se mordió la lengua con fuerza. No se detuvo hasta que el sabor metálico de la sangre inundó su boca. Apretó los puños, clavándose las uñas en la piel, mientras recordaba la espalda de Pamela alejarse. —¡Pamela! ¡Mauricio! —gritó con la voz rota—. ¡Son unos monstruos! ¡Juro que pagarán por esto! ¡Recibirán lo que se merecen! ---- Dos días después. Camila apareció frente a la entrada de una mansión enorme, de estilo retro, envuelta en un lujoso vestido que realzaba su figura y ocultaba sus heridas internas. Al levantar la vista y leer las palabras grabadas en la placa de bronce —“Mansión Montalbán”—, parpadeó lentamente. Era la residencia de la familia Montalbán. La familia más rica de Chicago. —¿Has oído? —comentaban algunas mujeres cerca—. El banquete de cumpleaños del señor Montalbán es, en realidad, una audición para elegir esposa organizada por su familia. —Claro que sí. Esta noche está llena de herederas ricas y bellas. Pero ya sabes… Gabriel Montalbán es el asesino de corazones número uno de la alta sociedad de Chicago. A los dieciséis años, ingresó en la Universidad de Harvard. A los dieciocho, se graduó con doble licenciatura en economía y ciencias actuariales. A los diecinueve, se incorporó al Grupo Montalbán y reorganizó los activos de una empresa que ya mostraba señales de decadencia. Apostó por el sector inmobiliario y el mercado de bienes de lujo cuando nadie más creía en ellos. A los veintitrés, adquirió la marca de lujo internacional LVMN, convirtiéndose en el cerebro detrás de su expansión global. El negocio inmobiliario del grupo se extendió por todo el país, llevándolo al octavo puesto de la lista Forbes ese mismo año. A los veinticinco, impulsó con fuerza la investigación en inteligencia artificial y tecnología de redes. A los veintiocho, se convirtió en el hombre más rico del mundo, ocupando el primer lugar en la lista Forbes. Un multimillonario incomparable. —Dicen que nunca ha tenido una mujer a su lado —susurraban—. Si alguien intenta meterse en su cama, ordena a los guardaespaldas que la echen sin piedad. Incluso amenazó con transmitirlo en vivo si vuelve a ocurrir. —Además, es cruel cuando se trata de negocios. No duda en destruir a nadie. —¡Pero es increíblemente guapo! —suspiró otra—. Abdomen marcado, cintura en V… y cuando usa traje, es simplemente irresistible. La conversación se volvió cada vez más acalorada. Algunas mujeres incluso se mareaban solo de imaginarlo. Camila escuchó todo en silencio… y se burló internamente. ¿Los hombres? ¡Por favor! ¿De qué servía la belleza, el poder o la riqueza si no tenía corazón? En ese momento, un mensajero se acercó apresuradamente. —Disculpe… ¿Camila Taylor? —Sí, soy yo. —Tiene una entrega. Por favor, firme aquí. El mensajero le entregó un sobre de FedEx. Camila se quedó desconcertada. Estaba frente a la mansión de los Montalbán… ¿por qué recibiría un paquete aquí? Sin embargo, su nombre y número estaban claramente escritos. Firmó y abrió el sobre. Cuando vio el contenido, su respiración se detuvo. Era un certificado de matrimonio. Las palabras “Certificado de Matrimonio” le atravesaron los ojos como cuchillas. Había estado comprometida con Mauricio durante tres años… pero jamás se casaron. Su familia, especialmente su padre, se opuso con firmeza. Su madre solo aceptó entregar las acciones después de cuatro años de convivencia. Pero antes de que ese tiempo se cumpliera, Mauricio mostró su verdadera cara. No solo la traicionó. Le robó Industrias Taylor. Y se comprometió con Pamela. Ahora lo entendía todo. Mauricio nunca la amó. Solo actuó. Cuando su padre la expulsó de la familia, ella creyó que Mauricio estaba deprimido por culpa y amor. En realidad, ya planeaba abandonarla… hasta que descubrió el testamento de su madre. Si no hubiera sido por esas acciones, él la habría dejado mucho antes. Mirando el certificado que había esperado durante años y nunca recibió, la indignación la invadió. Lo abrió con manos temblorosas. El nombre de la mujer: Camila Taylor. Su número de identificación estaba claramente impreso. No había error. El nombre del hombre: Gabriel Montalbán. El protagonista absoluto del banquete de esa noche. El hombre más rico del mundo. El objeto de deseo de todas las mujeres presentes. Camila levantó la vista, completamente atónita. —¿Que…? —murmuró—. ¿Este certificado de matrimonio… es del señor Gabriel Montalbán y mío?
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