Capítulo 3

951 Words
¿Cuándo se había casado con el joven amo de la familia Montalbán? Lo más absurdo era que ni siquiera sabía cómo era Gabriel Montalbán. Nunca lo había visto en persona. Entonces… ¿por qué tenía en sus manos un certificado de matrimonio con su nombre? Además, aquel certificado no tenía fotografía. Era demasiado sospechoso. Esto debe ser falso, pensó. Después de todo, los certificados de matrimonio falsos se podían conseguir fácilmente en cualquier calle. Eran baratos, vulgares y comunes. Convencida de que se trataba de una broma cruel, estuvo a punto de tirarlo. Sin embargo, cuando vio claramente impreso su número de identificación, dudó. Eso no era algo que cualquiera pudiera falsificar. Molesta, arrojó la bolsa del embalaje y guardó el certificado en su bolso con aparente indiferencia, aunque su corazón latía con fuerza. Esa noche, Camila acudió a la cena de la familia Montalbán. Su abuela había sabido que rompió con Mauricio y, preocupada por su estado emocional, le envió una invitación al banquete con la excusa de que hiciera nuevos contactos y se animara. Aunque Mauricio le arrebató Industrias Taylor y su padre aún se negaba a aceptarla, su abuela nunca dejó de protegerla. Al entrar al salón, Camila quedó cegada por las luces, el aroma del vino caro y la presencia de mujeres bellas y elegantes. Aquello no hizo más que hundir su ánimo. Así que salió del salón y caminó hacia el jardín. Fue entonces cuando, al girar una esquina, los vio. Mauricio tenía una mano apoyada en el tronco de un árbol antiguo, atrapando a Pamela entre su cuerpo y la corteza. Bajó la cabeza con una postura íntima y seductora. —Pamela… ¿sabes qué hora es ahora? —susurró con voz baja y provocadora. —Las siete y cuarenta —respondió ella. —No —dijo él con una sonrisa peligrosa—. Es la hora de que comience nuestra felicidad. Pamela se puso de puntillas, emocionada, y lo besó sin reservas. Camila sintió náuseas. Esas palabras… Él se las había dicho antes a ella. “Camila, ¿te casarías conmigo?” “Ten cuidado con tu boca… podría besarte en cualquier momento.” “¿Sabes qué hora es? Es la hora de que comience nuestra felicidad.” Las mismas frases. Las mismas mentiras. Ahora, escucharlas de nuevo la enfermaban. Justo cuando decidió marcharse, Pamela la vio. —¡Camila! Pamela la arrastró frente a Mauricio. La observó de arriba abajo con una sonrisa arrogante y habló con desprecio: —Vaya, te arreglaste mucho esta noche. ¿Buscas un sugar daddy en la fiesta? Pero qué lástima… eres usada. De segunda mano. Sin talento, sin valor. ¿De qué sirve ser bonita? Aunque… si estás desesperada por casarte, puedo presentarte a un viejo rico que acaba de enviudar. Seguro te acepta. Camila sonrió con frialdad. —¿Crees que Mauricio es un hombre bueno? Pero, lamentablemente, él me engañó, rompió conmigo y me robó todo lo que tenía. Así que, sinceramente, no creo que ustedes dos terminen bien. Cuidado por que puede hacerte lo mismo en cualquier momento. —¡Camila, deja de decir estupideces! —la interrumpió Mauricio con voz dura—. Rompí contigo porque tú me engañaste primero. ¿Robarte tu dinero? Ridículo. Todo lo gané con mi propio esfuerzo. Además, Pamela me ama de verdad. Después de tu infidelidad, nos enamoramos. Nunca la traicionaré. Había algo más que no se atrevió a decirle. Tras la muerte de la madre de Camila, su padre se casó con la madre de Mauricio. Desde el principio, Camila no fue más que un trampolín para él y su madre. El padre de Camila la expulsó. Su madre murió. Y la madre de Mauricio ocupó su lugar. Eso significaba que todo el futuro de la familia Taylor acabaría en manos de Mauricio. No solo quería Industrias Taylor. También quería la fortuna de su padre. Porque, en su mente retorcida… Camila se lo debía. Camila se burló con una risa fría. —¿Yo hice trampa primero? —rio—. Conoces perfectamente la verdad. No seas tan descarado. Me da asco escuchar una sola palabra más de tu boca. —¡Camila! —Mauricio estalló de ira y levantó la mano. Antes de que pudiera tocarla, Pamela lo detuvo suavemente. —Mauricio, cálmate —dijo con voz dulce—. Sus excusas no sirven de nada. Toda la alta sociedad de Chicago sabe que ella fue infiel y la atrapamos en el acto. Además, soy de la noble familia Montalbán… y tú eres mi futuro esposo. No vale la pena arruinar el cumpleaños de mi hermano por alguien como ella. —¿El cumpleaños de tu hermano? —Camila frunció el ceño. ¿Gabriel… era su hermano? Eso era imposible. Pamela se apellidaba Montalbán, sí, pero no pertenecía a esa familia. Se conocieron en la universidad. Pamela era huérfana. Camila lo recordaba con total claridad. Pamela alzó la barbilla con orgullo, como un pavo real. —Así es —dijo triunfante—. Gabriel es mi hermano biológico. Soy la hija querida de la familia Montalbán. Esta noche, la familia me presentará oficialmente en el cumpleaños de mi hermano. Camila… ya no puedes compararte conmigo. Eres peor que una perdedora. Eres una mendiga. Camila se quedó atónita. No esperaba eso. Pero no podía permitirse perder. Alzó la barbilla con la misma altivez y respondió con desprecio: —¿Gabriel es tu hermano y tú eres una Montalbán? Qué coincidencia… porque yo soy la esposa de Gabriel. Me he convertido en la esposa del joven amo de la familia Montalbán. Sus ojos brillaron con desafío. —¿Crees que debería hablarte con este tono?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD