Capítulo 15

1255 Words
Cuando dijo eso, Gabriel Montalbán, sentado frente a ella, mostró un ligero cambio de ánimo. Apretó con más fuerza la copa de vino que sostenía. Sin embargo, ese gesto sutil no pasó desapercibido para Camila, que lo observaba fijamente. Ese pequeño cambio la hizo sospechar aún más. Entonces… ¿había sido culpa suya? ¿Había ocurrido algo entre ellos que ella no recordaba? El estado de ánimo de Gabriel se alteró apenas un instante, pero permaneció en silencio. Camila no tuvo más remedio que continuar: —Entonces dime, ¿por qué demonios te casaste conmigo? Después de decir esas palabras, Camila Taylor lo miró intensamente. No quería perderse ni el más mínimo cambio en su expresión. Sin embargo, el rostro de Gabriel ya se había vuelto completamente indiferente. Ante su pregunta, se limitó a dejar la copa de vino sobre la mesa y respondió con calma: —¿Qué razón quieres para nuestro matrimonio? Porque tú me amabas. —¿Qué? —Camila estaba tan sorprendida que se quedó con la boca abierta—. ¿Te amaba? Señor Montalbán… ¿por qué sacó esa conclusión? Quiso reír, pero al ver la intensidad de su mirada contuvo la risa. Se aclaró la garganta y continuó: —Señor Montalbán, pensé… tal vez entendió algo mal. Es cierto que usted es extremadamente sobresaliente y atractivo… como el David de Miguel Ángel. Además, controla el sustento económico de todo Chicago. Pero… ¡ni siquiera lo conocía antes! Es ridículo decir que lo amaba. Camila creía sinceramente que la razón que Gabriel había dado era completamente absurda. Sin embargo, las siguientes palabras de Gabriel la dejaron atónita. Se recostó en el sofá, cruzó las piernas y resopló con desdén. —Si no me amabas tan profundamente, ¿por qué entraste en mi habitación a medianoche y te acostaste conmigo? ¡Dios mío! Camila quedó completamente confundida. ¿Se había acostado con él? Ella estaba segura de que… ¡Espera! A medianoche… ¿se había acostado con…? De pronto, recordó aquella noche en la que planeaba terminar con Mauricio. Mauricio y Pamela la habían utilizado como chivo expiatorio. La dejaron inconsciente en la habitación de un hombre. Entonces… ¿el hombre de aquella noche no era un desconocido, sino Gabriel Montalbán? ¡No! ¡Era imposible! ¡Pamela no podría haber hecho eso! Odiaba a Camila porque no lograba crear oportunidades para que ella se acercara a su hermano mayor, Gabriel, el presidente del Northwestern Memorial. Pero si no era cierto, ¿cómo sabía Gabriel lo que había pasado esa noche? El rostro de Camila palideció. No quería recordar esa noche en absoluto. Aunque… la experiencia había sido intensa, esa noche perdió lo más preciado que tenía. Su voz tembló. —Gabriel… el hombre en esa habitación esa noche eras tú, ¿verdad? Al ver su rostro pálido, Gabriel sintió una mezcla de preocupación y satisfacción por su reacción. A propósito, añadió: —¿Por qué te ves tan pálida? Esa noche estabas tan feliz… me abrazabas con tanta pasión… —¡Basta! —El rostro de Camila se volvió rojo como una manzana. Lo interrumpió con voz temblorosa. —¿Qué ocurre? ¿Lo niegas después de haber estado conmigo? —dijo Gabriel deliberadamente, provocándola con un tono ambiguo. Camila apretó los puños con fuerza. Se sentía humillada. ¡Quería desaparecer y esconderse! Pero esa noche… —Lo que pasó fue un error. Me tendieron una trampa, por eso… por eso aparecí en tu habitación. Luego las cosas… yo… estaba borracha e inconsciente. —¿Estar inconsciente te exime de responsabilidad? —resopló Gabriel con una sonrisa burlona—. Camila, no eras una mujer que se acostara con cualquiera, ¿verdad? —¡Qué tontería! Esa noche perdí mi virginidad… —frunció el ceño con inocencia—. No soy una mujer promiscua. Amé a la persona equivocada, sí, pero nunca me comporté mal. Si Pamela y Mauricio no me hubieran tendido una trampa, ¡nada de eso habría ocurrido! Cuando mencionó eso, la expresión de Gabriel se suavizó. La burla desapareció de su rostro; sus ojos perdieron dureza y, por un instante, sintió compasión por ella. Se dio cuenta de que había sido él quien le había quitado la virginidad. Aquella noche, en la oscuridad, había percibido que ella era virgen. Sin embargo, no estaba dispuesto a aceptar que, pese a amar profundamente a Mauricio, no hubiera tenido su primera vez con él. Al día siguiente, se sorprendió al ver la mancha rojiza en la sábana. Tal vez pudo engañarse a sí mismo creyendo que solo había sido una sensación en la oscuridad, pero aquella marca quedó grabada en su corazón. En ese momento se sintió tan emocionado que quiso besar a la joven que dormía a su lado. Sin embargo, se contuvo a tiempo. Si Camila despertaba, la maravillosa experiencia de la noche anterior se desvanecería. Después de todo, ella nunca lo había amado. Gabriel seguía molesto por el hecho de que ella no recordara nada, pero al verla a punto de llorar, su dureza se desvaneció. Habló con lentitud: —De todos modos, estuve contigo esa noche. Y la consecuencia fue que nos casamos. Camila negó repetidamente con la cabeza. —No. Lo que ocurrió esa noche fue un accidente. Yo… no quiero recordarlo por el resto de mi vida. No es necesario que asumas ninguna responsabilidad por lo que pasó. Puedes considerarlo una aventura de una sola noche entre nosotros. Tras decir eso, bajó la cabeza levemente. No quería recordar aquella noche: la traición de Mauricio, el complot de Pamela, sus planes destruidos y la pérdida de la paz que había tenido antes. Fue una experiencia dolorosa. Al escuchar sus palabras, Gabriel recordó el tono indiferente con el que ella hablaba. Entonces, después de tantos años, ¿seguía sin querer casarse con él? Aunque él hubiera hecho tantas cosas por ella y ella las hubiera olvidado todas, ¿acaso no podrían llevarse bien como antes? Gabriel apretó los puños con fuerza. Bebió de un trago la copa de vino tinto. Luego tomó un documento de la mesa de centro y se lo lanzó. Sonrió con frialdad. —Me alegra… que la señorita Camila piense de esa manera. El certificado de matrimonio fue válido en su momento. Estaba planeando hablarte sobre el divorcio. Es estupendo que seas tan considerada. Aquí tienes el acuerdo de divorcio. Firma, por favor. Camila, que aún estaba sumida en su tristeza, se quedó atónita ante su repentino cambio de actitud. ¿Cómo? Antes incluso de que ella mencionara el divorcio, ¿él ya tenía preparado un acuerdo? Al ver el documento redactado, comprendió que, como sospechaba, Gabriel se había casado con ella por razones especiales. Entonces, lo que había dicho antes sobre aquella noche… ¿habría sido solo una excusa? Aun así, Camila no tenía intención de mantener ese matrimonio ni de enfrentarse a Gabriel en una batalla de astucia. Con Mauricio ya había perdido demasiado, incluso siendo él un hombre sin poder. Mucho menos podría imponerse ante alguien como Gabriel. Después de haber sufrido la traición de Mauricio, lo mejor era manejar con discreción su relación con Gabriel. De lo contrario, su vida podría volverse aún más miserable. Aunque entendía todo eso, el repentino acuerdo de divorcio le causó una extraña incomodidad. Al principio creyó que el certificado de matrimonio era falso, pero luego se confirmó que era auténtico. Era la señora Montalbán… Bueno, hablando con precisión, lo era solo hasta que el señor Montalbán decidiera divorciarse de ella.
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