Capítulo 7.

1756 Words
—Acércate. —musitó Lina sin dejar de ver los labios del Mayor. Sus ojos brillaban con intensidad, como un maldit0 embrujo al que este estaba tentado a caer. Ella sintió que el espacio se estaba terminando entre su cuerpo y el del irlandés, pero no se inmutó más que para mover las pestañas que batió más lento, ante la perspectiva de Kael, quien con una orden escuchada no estaba razonando. —Vete de mi oficina. —sus dedos se aferraron al librero con una fuerza nunca antes desconocida. ¿Por qué no la lanzaba por la ventana de una vez? Así se acabaría ese anhelo perpetuo que surgía cada vez que la tenía cerca. Lina sonrió de manera enigmática y salió del encierro en el que estuvo no más que un par de minutos, pero la habían hecho probar algo que no pensó que deseara más. —Te veo esta noche, Hércules. —el lazo de cinta de terciopelo en su cabello daba un toque extrañamente atractivo. Más al darse la vuelta y con ese rostro tan angelical darle una imagen que empeoró el estado de Kael. ¿Por qué no se iba de una vez? —Seré la vestido n***o como el alma que tienes. —siguió su camino hasta la puerta, cerrándola con delicadeza, en lo que el Mayor Romano apretó el lomo del libro que lo hizo soltar el aire al fin. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué tanto caos en su sistema por una simple niñita? Esas reacciones no eran normales en él. Nunca las tuvo. Nunca hubo problemas con eso. Jamás. —Debemos dar una entrevista, cariño. —le dijo Naenia cuando atravesó el marco de la puerta. Deteniendo sus pasos cuando lo vio sentado con los ojos cerrados. —¿Te sientes mal? —No. —Kael, este acuerdo no quiere decir que nos llevemos mal. —recorrió el espacio hasta llegar a él. —No digo que vamos a jurarnos amor eterno o ser tan cariñosos como Nixon y la dulzura personificada, pero podemos… Solo la mención produjo que Kael se pusiera de pie con rapidez, tomó su saco y se lo puso a las malas al tiempo que salía de su oficina, ignorando los pedidos de esperar de su esposa. La presión en su cuello era demasiado y no tenía ningún interés en recordar a la culpable de su estado Subió a su auto para salir con rapidez de ese lugar, mientras Lina en el suyo sonreía al verlo actuar como si odiara solo vivir. En cuanto eso lo cansara se iría. Ella se quitaría un problema de encima y no habría más que toda su paz rodeándola. Volvió a su casa y se abrazó a Atila en cuanto la vio. Se puso ropa deportiva y salió a correr con Eleazar siguiéndola de cerca, en lo que Atila disfrutaba del espacio en el que podía ser libre. —¿Extrañabas soltar tus demonios, mi amor? —la besó cuando se sentó en el suelo. —Yo solté unos cuantos al fin. Es gratificante. Te entiendo a la perfección. Eleazar mantuvo el paso, hablando con Pascal quien le avisaba que en la casa todos comenzaban a prepararse. Uno de ellos nunca podía abandonar la habitación de Lina. Su seguridad era su prioridad y no fallarían en ello. —Puedes sentarte, Eleazar. No se va a caer el mundo si lo haces. —Estoy bien, señorita. —declinó acercándose. —Creo que es hora de volver. —Verás cosas muy extrañas en mí estos días. No te lo tomes a mal. —se adelantó en los hechos. —¿Más? —murmuró él y Lina achicó la mirada. —Fingiré que no lo escuché. —estiró la mano para que la ayudara. —Solo porque me caes bien. Eso no quiere decir que te deje pasar insolencias. —usó un tono más grave. —Mi nivel no da para hablarle a mis asistentes. Eleazar escondió la diversión que escuchar algo similar, horas antes, de parte de Naenia le causó. —Siento que me odia. —suspiró Lina con pesar. —Ni siquiera se dio el tiempo de conocerme. Pude darle motivos mejores para hacerlo y me quitó la oportunidad. —bebió agua. —No dejan que me haga odiar por mi propio esfuerzo. Eleazar estuvo a punto de reír, pero se mantuvo en su postura, para luego recibir el brazo de Lina. —Lo nuestro es distinto. Somos Pascal, Atila, tú y yo contra el mundo. —caminó de su brazo hasta llegar al claro. —Lo nuestro es irrompible. Incomparable. Exclusivo. —Señorita. —Hasta que te encontremos pareja. —el monegasco hizo mala cara. —¿Te gusta la sra. Cavanok? Tiene como 70, pero te vio con unos ojos que… —Señorita, va veinte minutos tarde. Lina dejó de hablar para ver el reloj, abriendo los ojos hasta casi salirse de sus cuencas. —Y tú distrayendome. —llamó a Atila. —Hablas como cotorro, Eleazar. Debes moderarte un poco. Salió corriendo hacia la casa con Atila siguiendo sus pasos, sin imaginar que la veían desde la ventana de la habitación oscura en la que nadie entraba más que quien la llegaba a ocupar algunas veces. Calculó sus pasos y miró sobre su hombro, escuchando como corría. Nadie hacía eso en esa casa. Esa niñita era tan poco soportable que sin verla ya lo cansaba. —Esa puntualidad no es la prometida, Adelina. —creería que se encontraron, pero la distancia era la suficiente para no verse, pero sí escucharse. —Estaré a tiempo. No me extrañes tanto, tía. —contestó Lina antes de azotar la puerta, causando que Naenia soltara un comentario despectivo hacia esa forma de ser de la esposa de su sobrino. —¿Qué decimos cuando pregunten sobre su esposo? —preguntó Sun antes de subir al sedán n***o. —Que se fue a visitar a su familia a Irlanda. Así dejarán de hacer preguntas sobre eso y solo se enfocarán en mi hermano y en mí. —abordó primero. —Andando que la señorita dulzura no tarda en salir. —¿No cree que eso arruinará su evento, señora? —Lo único que resaltará es su habilidad de ajustarse a la etiqueta. —contestó recibiendo aire de su asistente. El evento en el The Plaza Hotel ya estaba iniciando y en poco tiempo se comenzó a llenar de quienes cubrían cada suceso de los Ercil. Que Naenia se presentara convertía ese sitio en algo digno de capturar en fotografías. Contestó algunas preguntas, actuando como la mujer amable que hacía reír a sus admiradores con sus comentarios. Hasta que un auto se estacionó en la entrada del lugar, justo detrás del suyo, del cuál salió Adelina con un vestido que lanzaba destellos sobre la tela oscura que caía delicadamente por su cuerpo. Su sonrisa se borró cuando todos los periodistas la dejaron atrás para llenar de flashes a la chica que en cuestión de segundos tuvo a Nixon con su esmoquin verde esmeralda ajustado, sosteniendo su cintura. Pese a desentonar por el color de su vestido n***o en un evento donde todos llevaban alguna prenda de un mismo color, solo sonrió y posó para la cámara. —¿No te gusta seguir las reglas impuestas, Adelina? —le preguntó uno de los periodistas. —¿Reglas? ¿A quién le gustan? —contestó risueña. —Que te digo, amo el color n***o. Dicen que nadie suelta a lo que ama y yo me aferro cuando estoy enamorada de algo. —los hizo reír. —¿Me llevarán a la guillotina por eso? ¡Diviértanse y vivan! ¡Que nadie les diga que no si ustedes quieren algo! Nixon no recibió un solo comentario, pero todos querían aunque sea una mirada de parte de su esposa. —Por cierto, ¿Sabían que los flamencos pueden dormir de pie sobre una sola pata? —dijo Lina, sin previo aviso. Los periodistas enfocaron esa mirada sorprendida. —Lo vi en Animal Planet esta mañana. Sorprendente, ¿verdad? Naenia la miró con incredulidad. Los periodistas capturaron todo de ella, sintiendo esa vibra tan dulce de la hija menor de Leonardo Crown. ¿Cómo no amarla? Todos lanzaron elogios sobre ella y esta les lanzó besos con sonrisas plagadas de esa esencia que solo alguien como Lina podía resaltar. Naenia se giró y Sun fue su desquite cuando lanzó órdenes contra su séquito de asistentes. —Ahora resulta que… —Señora, su esposo. —señaló Sun y ella se giró sólo para ver a Kael, entrando al lugar con un elegante esmoquin totalmente oscuro. Con una mano acariciaba su barbilla, mientras la otra permanecía dentro de su bolsillo. No les prestó atención a las cámaras y a ella menos. Sun prefirió alejarse para no recibir su malhumor. En lo que Lina desbordaba esa esencia única dentro del salón, robando la atención y no de mala forma como esperaban otros. Nixon presionaba su cintura, comenzando a incomodarla, por lo que cuando pudo liberarse de él no dudó en hacerlo. —Te estaré esperando, cariño. —le dio un beso frente a todos y ella solo sonrió yendo por una bebida para refrescar su garganta. —Cualquiera diría que nos pusimos de acuerdo, Hércules. —dijo dándose la vuelta para ver a Kael sentado mientras veía su móvil. —Pero ambos sabemos que jamás podremos estarlo en ningún momento. —Estamos de acuerdo en que nunca estaremos de acuerdo, brillitos. —se puso de pie. La fragancia la hizo inhalar más profundo de nuevo. —¿Tanto necesitas mi atención? —¿Tanto te gusta dármela? —contraatacó Lina a la vez que esbozó una mueca de satisfacción. —Soñadora. —Y hermosa. —respondió airosa. —Careces de humildad. —se giró hacia ella directamente. —A tí te faltan ganas de desmentir. —le guiñó un ojo para luego darse la vuelta. Pero este la tomó del brazo rápidamente, devolviéndola a su lugar. Acercándose aún más. —¿Qué pasa, Hércules? ¿Quieres un besito? Los labios rosados sin una gota de labial le secó la boca. La garganta se le cerró y ante esa cercanía todo fue aún peor. —Buenas noches. —dijo Warren Ercil haciendo que se separaran de golpe a causa de Lina cuando supo de quién se trataba. —¿Lo explican o saco mis propias conclusiones? Kael mantuvo su gesto desinteresado, mientras Lina le dio un sorbo a su copa.
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