—Mierda, mierda, mierda… Aquellas bonitas palabras fueron lo primero que salieron disparadas de mi boca cuando desperté y me di cuenta que me había quedado dormida. Sin molestarme si despertaba a Agust o no, me lancé fuera de la cama y comencé a correr por mi habitación, vistiéndome a la misma vez que intentaba buscar mis cuadernos, queriendo golpear mi cabeza contra la pared cuando recordé que todo lo había ordenado la noche anterior. Corrí hasta el baño y quise llorar al ver mi rostro, las medias lunas negras se marcaban bajo mis ojos, haciéndome lucir como si no hubiera dormido durante una semana. Me lavé la cara y los dientes y cuando quise amarrarme el cabello en una coleta baja, vi la flamante marca que Agust había dejado en mi cuello. Cuando quise gritar de la frustración, tomé un

