La puerta se cerró detrás de Olive y Elijah soltó una risa. ―Así que te le declaraste ―dijo cuando por fin pudo hablar. Suspiré, ignorando la diversión en sus ojos, y me llevé una mano a la nuca. ―No exactamente. Me puse de pie, inquieto sobre la cama, y caminé hasta la puerta, luego de vuelta a la cama y repetí el mismo camino. Una y otra vez. ―Bueno, ese beso fue más que una declaración ―sostuvo Eli después de largos segundos. Me detuve, lo miré y vacilé. ―No lo fue. Y otra vez, di vuelta en círculos dentro de mi habitación. ―Sí que lo fue ―me contrarió―. ¡Vamos, enano! Además con lo que dijiste, dudo que no se haya dado cuenta de tus sentimientos ―renovó. ¿Mis sentimientos? Frené de repente, trabándome con mis propios pies, y me enfrenté a Eli. Él sonrió con suficiencia. ¡Diab

