Zoe Había una pequeña posibilidad ahora que estaba caminando hacia la cocina con aquella mujer. Tenía que escapar. —Oiga, señora, ayúdeme a huir, ese hombre me tiene secuestrada. — Le pedí a la mujer, pero ella solo sujetó mi mano y me sonrió. —No intentes hacer algo que no terminará bien, conozco a Edgar y no hay nadie que no le tema, incluso mi marido es incapaz de hacer nada sin su autorización. —Pero es un delito lo que está haciendo conmigo— mi voz salió en un hilo. —Si aún no se ha deshecho de ti es porque algo cambió en ese rudo hombre. —No entiendo, ¿qué quiere decir? —Realmente nada, solo que te dejes llevar y él mismo te soltará. No fuerces tu libertad. Cerré los ojos con fuerza y tragué esa bola que se había formado en mi garganta. —¿Quién es él? Sé que es peligroso,

