Zoe No debe existir el amor que lastime, ni mucho menos amor que castigue de la manera que Edgar no hizo conmigo, estaba decidida a no ceder por nada y esta vez las cosas iban a cambiar de verdad. Edgar bajó la mirada mientras sostenía mis manos para calmarme, estaba decidida a sacar su arma y apuntarme con ella, era simple, darle un fin a lo que tenía que haber sucedido hace meses. —Te amo, te amo, tu muerte sería mi muerte— dijo al fin alzando sus ojos hacia los míos. —No me amas, tú no amas a nadie, Edgar. Estaba molesta, llena de rabia, enojada conmigo misma, y no quería que sus explicaciones me llenaran la cabeza porque no estaba dispuesta a perdonarle por algo que él sabía de mí desde el principio. —¿Cómo sabías cosas de mí tan íntimas las cuales redactabas ante mí como yo

