Narra Nicolle
La semana apenas inicia y yo trato de armar un atuendo decente con lo que tengo en mi armario, ser la asistente personal de una mujer como Charlotte requiere de muchas habilidades y de un closet gigantesco.
—Creo que esto funcionará —me dije a mi misma tomando una camisa azul claro y unos pantalones rectos de color blanco; ya empiezo a agotar todo, he combinado mi ropa de tantas formas que ya no hallo más opciones.
Pasé a la cocina peinando mi cabello mientras preparo algo de café, no puedo llegar tarde, así que hago varias cosas al tiempo; de mi depende que una mujer tan importante cumpla con todos sus compromisos día a día.
En diez minutos ya estaba lista, hasta tuve tiempo para cortar algunas manzanas y guardarlas en un tápe para más tarde.
—Nicolle, buenos días.
Susi aparece con uno de sus bonitos trajes y sus tacones cada vez más altos.
—¿Cómo estás? —dije deteniéndome para esperarla.
—Agotada, no dormí nada, es que ayer salí con alguien…
—¿Qué? ¿de verdad?
—Sí, pero nada serio.
Susi es de esas chicas que se niegan rotundamente a los compromisos.
—¿Cómo estarán los ánimos de la jefa hoy?
—Creo que bien, su agenda no está tan llena.
—¡Gracias a Dios! Me estresa cuando ella se estresa, siento que hace que el ambiente de toda la empresa sea terrible.
—Creo que exageras —respondí negando con mi cabeza.
Bueno, la jefa puede ser algo exigente, un poco dura y directa a la hora de decir las cosas, pero no es tan mala persona como todos piensan; por lo menos conmigo ha sido muy especial, es una lástima tener que reservar todas las cosas que ha hecho por mí.
—¿Exagerar? Nicolle, la señora Phillip es insoportable, eres la única asistente que le ha demorado dos largos años. Algunas renunciaban a la semana, no soportaban ni su manera de respirar, del resto, a casi todas las corría al par de días de contratarlas. Debe ser duro para ti tener que estar todo el día al lado de ella.
—Susi, no te expreses de esa manera, es algo dura, pero no es tan mala como crees.
—Eso solo lo piensas tú —dice caminando en dirección a la cafetería—. ¿No irás por café?
—No, paso por esta vez.
Ella levanta su mano y se despide agitándola en el aire. Le sonrío y subo al elevador para irme hasta el último piso.
Sacaba mi IPad y miraba que todo estuviera fríamente organizado, me gusta repasar un poco, casi que memorizo los compromisos de mi jefa para no tener confusiones.
—Buenos días, señora Phillip —dije al ingresar a su oficina.
—Oh, buenos días.
—¿Cómo se siente hoy? ¿ya pasaron los malestares?
Me acerqué a su escritorio mientras la veía abrir su estuche de pastillas.
—No del todo, me siento como si un camión me hubiese pasado por encima.
—¿Quiere que agende su cita con el doctor Nelson? Aquí tengo un espacio el día de mañana entre las tres y cinco de la tarde.
—No, estoy bien, solo que no he descansado lo suficiente. Esto del nuevo producto me tiene algo angustiada. Mejor léeme la agenda.
—Como usted diga, señora Phillip.
Entiendo su preocupación, pero algunas veces creo que la jefa se excede; se estresa y se preocupa y al final todo lo soluciona, siempre termina resolviendo los inconvenientes que se le presentan.
—En media hora inicia la reunión con el jefe de laboratorio, a las diez de la mañana debe ir a la LANA LABORATORIES para entregar los informes y la muestra del nuevo producto para la obtención de la certificación y aprobación. A mediodía tiene un almuerzo con la señora Millers.
—¿Millers?
—Oh, es la esposa del señor Leonard, la conoció en el último evento; se reunirán para discutir su propuesta ¿recuerda? Ella tiene una línea de maquillajes.
—Claro… sí, ya la recuerdo. ¿Algo más?
—Sí, aquí tiene los informes del departamento de marketing y finanzas, el resto del día le queda disponible para esto.
Le extendí dos carpetas con los documentos que debía mirar.
—Perfecto, entonces creo que pediré que organicen la sala de conferencias para mi reunión.
—Ya lo pedí, señor Phillips. Iré bajando para terminar de ultimar detalles.
—Gracias, Nicolle.
Sonreí y me dispuse a retirarme, en el instante que estaba por salir de la oficina de la señora Charlotte, ella se dirige a mí.
—Nicolle, ¿podría regalarme unos minutos?
—Claro que sí, dígame ¿Qué necesita?
Mi jefa se levanta de su lugar y acomoda un poco su cabello, siempre se ve tan impecable que es imposible que pase desapercibida por donde va.
—Quería saber si su hermano estaba dispuesto a cambiar de escuela.
—¿Eh?
—Siempre he creído que la educación es el pilar más importante y solo las mejores escuelas pueden ofrecer esa buena educación.
—Pues, no lo sé… él está en un instituto cercano a la casa de mi madre, es un buen lugar.
—¿Es bueno o es el que puede pagarle?
Mordí un poco mis labios y no pude mentirle.
—Es el que puedo pagarle, señora Phillip.
—Estoy tramitando una beca para su hermano en una de las mejores escuelas de Filadelfia, tan pronto me llegue la confirmación le daré los datos para que realice el proceso de matrícula.
—¿Qué? Bueno, yo no sé qué…
—No tiene que preocuparse por el dinero, eso ya está resuelto.
Me quedé sin palabras, una vez más la señora Phillip hace este tipo de cosas por mí.
—Dios, no sé qué decirle. Muchas gracias, de verdad; prometo trabajar muy duro, le voy a devolver el dinero.
—No le estoy pidiendo que me devuelva nada, mejor dígale a su hermano que le saque provecho a la oportunidad. Ya sabe, no comente esto con nadie.
—Sí, sí señora Phillip, muchas gracias; de verdad, muchas gracias.
Tuve la tentación de darle un abrazo, pero sé cómo es, así que desde donde estaba le sonreí con sinceridad y le agradecí por lo que hacía por mi hermano.
—Voy saliendo —dije señalando a la puerta—. Iré a supervisar que todo esté perfecto para la reunión.
—Bajaré en unos minutos —responde ella volviendo a su escritorio.
Salí de esa oficina con mi pecho hinchado de emoción, mi hermano se pondrá feliz tan pronto se entere.
Llegué a la sala de juntas para ordenar todo, me sentía tan feliz que mi ánimo era completamente diferente; como no hacer todo bien, si mi jefa es la mejor de todas, mi trabajo lo hago con amor porque desde el día que llegué aquí a pesar de mi poca experiencia, no solo me dio la oportunidad de trabajar para ella, sino que ha sido como mi guardiana.
—Buen día, ¿Cómo estás Nicolle? —saluda el jefe de laboratorio.
—Oh, buen día. Que gusto verlo, por favor tome asiento, la señora Phillip vendrá en unos minutos.
El hombre pasa por mi lado y toma su lugar, juntos empezamos la espera, nos mirábamos las caras al ver que los minutos pasaban y no había señal de la CEO.
—¿La reunión si era a esta hora? ¿verdad?
—Sí, ya la señora Phillip debe estar llegar. Permítame un momento, le marcaré a su móvil para saber por dónde viene.
Salí de la oficina y le marqué en repetidas ocasiones, pero nunca respondió. Miraba hacia el interior de la sala de juntas y el caballero me miraba esperando una respuesta, pero solo me limitaba a sonreír.
—Iré a su oficina, volveré en un momento.
Era extraño que la jefa no hubiese bajado, es extremadamente puntual. ¿Será que pasó algo? Desde ese momento tuve un mal presentimiento, mis pasos en dirección al elevador se fueron acelerando, algo me decía que debía ir con ella.
Corrí por aquel largo pasillo marcando a su móvil y llegué a escucharlo, pero ella seguía sin responder. Sin pensarlo, abrí la puerta de la oficina y fue cuando la vi tendida en el piso.
—¡Señora Phillip! —grité corriendo hacia ella.