Narra Arthur No podía regresar a la mansión de mi tía luego de esa conversación, menos verla a la cara luego de saber que le había mentido. ¿Qué debía hacer? Tenía dos opciones y ambas se mostraban complejas, por un lado; decirle la verdad a mi tía y decepcionarla por segunda vez, matarla de tristeza y quizás ocasionarle un coma diabético por mi culpa, confirmarle que soy un inmaduro de mierda y todo lo demás que Nicolle me dijo en su casa. Eso, o convencer a una mujer testaruda como mi asistente, para poder sobrellevar esta situación. Las dos opciones eran jodidamente complejas. Llegué a mi oficina porque era el único lugar en el que podía tener privacidad, me detuve frente a una enorme pintura que tiene mi tía y por unos segundos me perdí en ella; en sus colores, en sus formas, en es

