Capítulo 5: Primer Contacto.

1928 Words
Sábado por la mañana, Orión se levantó cerca del mediodía. Buscó su celular y le envió un mensaje a Dilan para confirmar la hora de la junta. Luego se levantó para darse un baño. —¡Niño baja a comer!— le gritó su abuela mientras colocaba la mesa. Después de unos minutos Orión bajó al primer piso, ahí estaban sus abuelos listos para almorzar. —Abue, hoy tengo que trabajar hasta tarde— le dijo su nieto. —¿Donde encontraste trabajo?— le preguntó la anciana. —Es un local que atiende gente— le mintió Orión—Iré con Dilan. —Oh, mientras estés con tu amigo todo bien— sonrió la mujer. Terminaron de comer. Orión se despidió y salió con su mochila hacia la parada de autobús. Ahí se encontró con el pelirrojo que estaba pegado mirando el celular. —Te quedarás tonto— le dijo el castaño. —Y tú llegas tarde como siempre— dijo Dilan—Vamos ahí viene el bus. Subieron al transporte y se dirigieron al café especial. Llegaron después de largos minutos, se bajaron del autobús. —Es hora de comenzar nuestro primer día— dijo Dilan—Vamos. Atravesaron la calle y saludaron a los guardias. Los hombres les abrieron la puerta. —Buenas tardes— les saludó la encargada—Es bueno que llegaran temprano, es hora que se acoplen al sistema de trabajo. La mujer caminó seguida de ambos chicos. —Por lo general aquí abrimos a las seis de la tarde— comenzó Olga—Lo primero que deben hacer es cambiarse de ropa, luego vengan conmigo. Los chicos fueron a una sala especial al fondo del local. Ahí habían unos slip rosados de sus tallas y unos corbatines del mismo color. —¿Es una broma?— preguntó Orión tomando el slip—No me pondré esto— dijo mirando la prenda. —Si quieres trabajar con el culo al aire, es cosa tuya— le dijo Dilan mientras se desnudaba—Lo que es yo quiero trabajar tapando aunque sea mi humanidad. Orión soltó una risita—Está bien, me vestiré para no impactar a la clientela. El pelirrojo terminó de desnudarse y miró a su amigo. —No tienes la gran cosa— le dijo Dilan con tono de burla. —Ya quisieras que fuera como el tuyo— dijo Orión y le sacó la lengua. Terminaron de vestirse y dejaron las ropas y sus mochilas en la sala y salieron al local. Ahí vieron a alguno de sus compañeros y compañeras que estaban ordenando el local para recibir a los clientes. —Los clientes llegarán y ocuparán una mesa o un sillón, lo que sea. Ustedes se acercarán y les ofrecerán licor o lo que necesiten. Por lo general buscan descargar su estrés, así que sean buenos chicos— les dijo Olga. Ambos asintieron. Se quedaron en un lugar sin molestar al resto de los trabajadores que terminaba de arreglar el lugar. Finalmente el reloj en la pared marcaba las seis de la tarde, Orión y Dilan se sintieron realmente nerviosos. —Esta idea comienza a parecerme bastante mala— le susurró el castaño a su amigo. Comenzaba a arrepentirse de haber aceptado el trabajo del café. Orión se miró viéndose con el slip rosado y el corbatín. —Creo que deberías relajarte— le dijo Dilan—. Y será mejor que nos pongamos a trabajar. Los clientes comenzaron a llegar como zombies al local, muchos de ellos en finos trajes y corbata. Y como Olga había dicho llegaban tanto mujeres como hombres, los trabajadores se dispersaron a atender a los clientes que habían llegado. —Bien amigo, ten suerte con tu cliente y no dejes que toquen mucho la mercadería— le dijo Dilan. Sonrió y fue a una de las mesas. Orión se quedó mirando al pelirrojo como se alejaba hacia las mesas con clientes. —Vaya, todos los clientes tienen atención— se dijo el castaño caminando hacia la barra—. Me quedaré a esperar. Se sentó bajo la tenue luz del lugar, en la barra el encargado de hacer los tragos quedó mirando al chico. —¿Eres nuevo?— le preguntó, Orión levantó el rostro viendo a un lindo pelinegro. —Sí, inicié hoy, me llamo Orión. —Lindo nombre— sonrió el joven-Me llamo Raúl, un gusto. —El gusto es mío— le dijo el castaño. Dilan estaba hablando con dos chicas mientras éstas bebían unas margaritas. De pronto afuera se estacionaba un auto de vidrios polarizados, de el se bajaba un rubio de ojos violeta. —Ve a darte una vuelta, te llamaré cuando te necesite— dijo el joven a su chófer. —Sí señor— Kendall dejó a Eirian en el local que encontró y luego se alejó para que su jefe se distrajera. Eirian entró al local, un café con piernas mixto. Una propuesta algo arriesgada pero interesante, buscó una mesa algo apartado del resto de los clientes y esperó a que lo atendieran. —Creo que llegó alguien— le dijo Raúl a Orión. El castaño buscó con sus ojos y vio a un atractivo rubio sentado solo, seguramente era por su cara de póker. —No creo ir— le dijo Orión a su compañero—. Es un hombre, deberá esperar a que se desocupe una de las chicas. —Esto no funciona así— dijo Raúl con una sonrisa—. Debes atender a todos los clientes por igual, sí él te dice que quiere que alguien más lo atienda, entonces tú te retiras. Algo confundido Orión asintió y se levantó de su asiento para ir con el cliente. Estaba tan nervioso que agradecía llevar unos zapatos muy bajos. Trató de calmarse hasta que estuvo a su lado. —Buenas noches— lo saludó Orión completamente sonrojado, realmente agradecía que estaba oscuro—. ¿Se le ofrece algo de beber?. Eirian miró de arriba para abajo al chico frente a él. Los slip rosados marcaban bastante bien su figura, y es que Orión hacía ejercicios para mantener su cuerpo, el castaño se sintió muy observado por aquel hombre de corbata. —Quiero un martini seco— le dijo el rubio. Orión hizo una pequeña reverencia y se retiró a la barra para pedir el trago. —¿Y qué quiere el galán?— le preguntó Raúl. —Dice que quiere un martini seco— le dijo el castaño con una sonrisa. El pelinegro le sirvió el trago y se lo pasó con la bandeja. Puso un vaso de agua también. —No pidió agua— le dijo Orión. —No es para él, es para ti— le dijo el pelinegro, el chico lo miró extrañado—. Sólo ve. Orión tomó la bandeja y se alejó de la barra hacia la mesa. Eirian estaba de piernas cruzadas esperando su pedido. —Aquí tiene— le dijo el castaño dejando la copa de martini. —Quédate— dijo el rubio tomando la copa. Orión se quedó mirando al cliente y luego miró el vaso con agua que le había dado Raúl. Sin decir nada se sentó frente al joven de corbata y dejó la bandeja y el vaso con agua sobre la mesa. El castaño estaba en silencio mirando sus manos, realmente se sentía desnudo con ese slip rosado. Pasaron unos minutos en los que sólo se escuchaban sus respiraciones. —¿Trabajas hace mucho acá?— le preguntó de pronto Eirian, el chico lo miró algo confundido. —No, en realidad comencé hoy, y usted es el primer cliente con el que interactúo— le dijo Orión. —¿Y qué haces aparte de trabajar aquí?— preguntó el rubio. El chico lo miró algo incómodo, ¿a qué venía tanto interrogatorio de un desconocido?. —Yo soy estudiante de segundo año de la universidad— le dijo Orión tratando de no entrar en mayores detalles. Realmente eso le estaba incomodando. —¿En qué universidad?— preguntó Eirian. —Usted es un hombre muy curioso, señor— le dijo el castaño mirando al frente. —Sí quieres saber algo, sólo pregunta— dijo Eirian. —Por su traje imagino que debe tener un trabajo importante— le dijo Orión—. ¿Oficinista?. —Soy jefe de la mayor compañía de Nueva York, nuestra riqueza proviene de los Emiratos Árabes— le respondió con simpleza Eirian. El castaño se quedó sorprendido por saber de lo que era jefe, realmente las oficinas de las que hablaba aquel rubio eran de un llamativo cristal. Nueva York giraba en torno a esos edificios. Orión estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no notaba las miradas de intriga que le estaba dando Eirian. —¿Tienes novia?3 preguntó de pronto el rubio. —Sí tengo y es muy bella— le dijo Orión sin pensar. —Que bien— dijo Eirian—. ¿Y ella sabe que estás trabajando aquí?. El castaño se quedó callado. —Ella no tiene que enterarse de nada— le dijo algo molesto Orión—. Yo debo hacer dinero para saldar mis deudas y poder tenerla a ella como una reina. —¿Sólo sabe ser princesita?— preguntó Eirian bebiendo de su trago. —No es su problema lo que ella sea— le dijo Orión—. ¿Va a querer algo más?. —¿Trabajas mañana?— le preguntó Eirian. El castaño lo miró algo confundido. —Trabajaré los fines de semana— le dijo Orión—. En la semana trabajo en un restaurante. Eirian frunció levemente el ceño. —Así que trabajas mucho— le dijo el rubio—. ¿Tus padres no te dicen nada?. —Mis padres fallecieron en un accidente cuando yo tenía cinco años— dijo Orión mirando su vaso—. Y ese día también debí morir— habló en voz muy baja—. Vivo con mis abuelos. Eirian lo quedó mirando. —Mañana volveré aquí— le dijo el rubio levantándose de su asiento, dejó dinero sobre la mesa. Orión lo tomó y dejó los vasos en la bandeja. Eirian miró al castaño y luego se acercó al chico tomando sutilmente su rostro. —Quisiera saber el nombre de tan lindo chico— le dijo el rubio mirando los ojos de aquel joven. —Orión, Orión Coglan. —Un placer joven Orión, un nombre de estrellas— dijo Eirian mirando sus ojos verdes—. Tan hermoso como tus ojos. El castaño por primera vez en su vida se sintió intimidado por un hombre. Aquel rubio de corbata se dirigía a la salida mientras llamaba por su celular, seguramente a su chófer para que lo fuera a buscar. Trató de regresar en sí, su corazón se había extrañamente acelerado por la sensual voz con la que le habló aquel hombre rico. —Debo calmarme— se dijo mientras volvía en sí y se dirigía a la barra. —¿Y qué tal te fue con tu cliente?— le preguntó Raúl mientras tomaba la bandeja con los vasos. —Fue intimidante— dijo Orión sintiendo aquella incomodidad en su interior. —Yo te vi a gusto— le sonrió el pelinegro—. Mira llegó una clienta. Orión espabiló y volvió en si para continuar con su trabajo. Avanzada las horas, los chicos se fueron a cambiar las ropas para regresar a sus casas. Había sido suficiente para el primer día de trabajo.
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