Eirian llegó a su penthouse junto a su guardaespaldas, Kendall siempre lo cuidaba y lo acompañaba a todos lados.
—Avísale a Doris que el próximo lunes no estaré en la empresa, iré a una reunión en una Universidad de Medicina— le dijo Eirian a su hombre.
—Señor, el lunes era la reunión con los inversionistas— le dijo Kendall revisando su agenda electrónica.
—Por eso quiero que Doris haga los cambios pertinentes. Me interesa visitar la Universidad de Medicina— dijo Eirian—. Además estoy muy cansado para discutir.
—Sí señor, mis disculpas— dijo Kendall dejando a su jefe en la puerta del penthouse, él se dirigió al final del pasillo donde había otra puerta, era su habitación.
Eirian entró a su penthouse, el edificio era enorme y las ventanas abarcaban paredes completas, la ciudad de Nueva York estaba a sus pies y él controlaba la mayor parte en todo sentido. Pero aún así se sentía solo, esa ciudad lo había consumido en el trabajo y su vida sólo se había centrado en cuatro paredes y miles de números, necesitaba algo que le diera una nueva motivación para sentirse algo más completo.
El billonario decidió darse un relajante baño en su jacuzzi con hidromasaje y sales de lavanda.
—Algún día le veré lo lindo a la vida, tal vez pueda sonreír— Eirian se hundió en el agua y se perdió varios minutos en las relajantes aguas antes de irse a la cama.
Mientras que de regreso a su casa, Orión caminaba por las desoladas calles. Había terminado temprano en el local
y ahora se regresaba a casa. Alcanzó a estar con su novia unos minutos después de salir de la universidad. De todas maneras Kelly se juntaría con Glen para hacer un trabajo que les habían enviado.
—Estoy cansado de todo, ni siquiera puedo estar con mi novia tranquilo. Esto de siempre tener problemas financieros es un maldito fastidio— se decía Orión mientras llegaba a su casa. Sus abuelos ya estaban acostados. Cerró la puerta y se dirigió a la cocina, sabía que su abuela le había dejado comida en el horno, era una anciana muy amorosa y preocupada.
Comió la comida antes de ir a darse un baño y luego caer rendido a la cama.
Los días siguientes estuvieron igual, Orión iba a clases con sus amigos y por la tarde estaba un rato con su novia Kelly y luego se iba a su trabajo en el local. Sin embargo no era suficiente, el chico deseaba tener más dinero para poder regalonear a su novia. Decidido el viernes iría a buscar otro trabajo para el fin de semana.
Mientras que Eirian se mantenía en reuniones y viendo las finanzas de las compras de la empresa. Tenía gente a cargo que le veía ciertos temas, él se encargaba de todo lo que fuera monetario.
También había respondido al e-mail que le envió el rector de la universidad confirmando su asistencia para el lunes siguiente. Así mismo continuó con las donaciones a los lugares asignados, para compensar aquello hizo compras en la bolsa que amortiguó esos gastos. Sabía que sus padres desde los Emiratos tenían el control de todas las cuentas de sus propiedades y recursos. Al terminar de hacer todas las tranferencias, llamó a su guardaespaldas.
—Kendall— le dijo Eirian cuando el hombre entró a su oficina—. Quiero que me busques un lugar donde pueda tener algo de sexo, pero que sea de alto estándar. Necesito salir de mi aburrimiento.
—Sí señor— dijo Kendall saliendo de la oficina. Fue al auto y se dispuso a buscar un lugar que fuera para la entretención de su jefe.
Finalmente el viernes llegó y Orión salió de la universidad junto a sus amigos y su novia.
—Podríamos ir a comer algo— les dijo Kelly—. Tengo hambre.
—Yo no podré ir_ se disculpó Orión—. Iré a ver un trabajo.
—No te preocupes, yo llevaré a Kelly a comer— le dijo Glen con una sonrisa algo burlesca.
Orión tomó a su novia y le dio un beso suave y húmedo en los labios. La chica le sonrió y se fue con Glen y Shayla camino a comer. Dilan se acercó a su amigo.
—Sabes, no sé porqué Kelly siempre se va con Glen. Además él usa esos tonos humillantes contigo, ¿por qué lo permites?— le preguntó algo molesto Dilan.
—Escucha— le dijo Orión—. Kelly me ama, me ha demostrado que puede estar conmigo aunque no tenga dinero. Dijo que me iba a esperar hasta que me graduara y comenzara a trabajar. Así nos podremos casar.
—Casarte, ¿es una broma?— le dijo Dilan con tono molesto. Desde que se conocían el pelirrojo siempre sabía con el tipo de mujer que se metía su amigo, y pocas veces se equivocaba al perfilar a esas mujeres. Siempre terminaban por alguna extraña razón con su amigo—. Entiende una cosa Orión, Kelly no te ama como tu crees.
El castaño miró a su amigo con rostro algo molesto.
—Sí no me amas como dices, ¿entonces qué hace conmigo?— le preguntó Orión.
—Nada, sólo no quiere estar sola. Tú no le das ningún beneficio, y ella sabe que te tiene en sus manos porque eres lindo, pobre y un idiota— le dijo Dilan mirando a otro lado.
—¡Oye!, ¿qué definición es esa?— dijo algo sentido el castaño.
—Créeme que un amigo es el que siempre te dirá la verdad— le sonrió el pelirrojo—. Ahora vamos a buscar un trabajo, seguramente encontraremos algo que te pueda dejar dinero.
Tomaron un autobús, y por petición de Dilan se bajaron en la parte rica de la ciudad, cerca de ahí había un hospital que la Universidad de Medicina utilizaba como sede de práctica para sus nuevos licenciados. Habían varios locales de café y comida, pero no todos pedían nuevos empleados. Continuaron caminando mientras la tarde terminaba de caer, fue entonces que al oscurecer Dilan vio unas puertas algo llamativas. Las luces de neón rojo y fucsia adornaban la puerta en la cual dos hombres vestidos de n***o la cuidaban.
—¿Y qué es eso?— preguntó Orión.
Dilan caminó un poco y luego miró a su amigo.
—Es como un club nocturno— le dijo al castaño.
Orión se quedó mirando el local, de pronto sintió que lo tomaban de una mano y lo jalaban al lugar. Los guardias miraron a ambos jóvenes.
—Hola— les dijo Dilan a los hombres—. ¿Sabe usted si necesitan gente para trabajar?.
Los guardias se miraron entre ellos y luego dieron espacio para que ambos jóvenes entraran.
Dentro había poca luz, unas mesas con sillones que las rodeaban de color rojo, frente a ellos había un escenario con un caño. Un poco más allá había una barra con diversos tragos.
—Buenas noches— les saludó una mujer—. Aún no abrimos caballeros.
—Veníamos a ver si tendría algún trabajo para nosotros— le dijo Dilan con toda confianza.
La mujer de cabellos oscuros los miró de arriba para abajo. Se cruzó de brazos.
—¿Qué edades tienen?— les preguntó.
—Tenemos veinte años— le dijo Orión—. Pero si no hay nada, nos podemos ir— tomó a su amigo por los hombros para sacarlo de ahí.
—Espera, no he dicho que no tengo trabajo— les dijo la mujer—. Pero, ¿ustedes saben que lugar es éste?.
Ambos se quedaron mirando.
—Es un café con piernas masculino— les dijo—. Yo soy Olga y este es mi negocio. Usualmente los café con piernas son atendidos sólo por mujeres. Sin embargo el mío es unisex y el único en el barrio alto. Aquí verán a muchos adinerados, pero todo queda en estas cuatro paredes.
—¿Y qué se supone hay que hacer acá?— le preguntó Orión—. ¿Debemos servirles café?.
Olga sonrió.
—Las personas que vienen aquí a veces sólo vienen por compañía, buscan una buena conversa. Hay otros que pagan por sexo, pero no se les obliga a los trabajadores a eso. Es su opción, y el dinero queda para ellos.
Orión tomó atención a esa parte, luego se pateó mentalmente por pensar en rebajarse a cobrar por sexo para tener más dinero. Aunque pensándolo bien si se trataba de una clienta linda no lo pensaría dos veces.
—Se trabaja de viernes a domingo por la tarde. Pueden variar en sus turnos y convalidar con sus estudios— les dijo Olga.
Los chicos la quedaron mirando.
—No se preocupen, la mayoría de los jóvenes que trabajan aquí son universitarios. Muchos lo hacen para pagar sus clases.
Orión miró a su amigo Dilan.
—Y bien— dijo la mujer—. Se quedan o se van.
Los chicos no lo pensaron mucho y decidieron tomar el trabajo, Olga les tomó las medidas y les hizo un tipo de contrato más que todo para tener un órden legítimo. Después de todo era un trabajo remunerado.
—Bien, les tomaré las medidas para los trajes que usarán, deben ser todos del mismo color.
Ninguno preguntó nada y sólo hicieron lo que la mujer les dijo. Olga tendría unos cincuenta años y junto a una amiga de su misma edad eran las cabronas que llevaban el lugar.
—Tenemos todo. Entonces los veré mañana— les sonrió la mujer.
Orión y Dilan salieron del club nocturno. El castaño se giró para ver el nombre del local antes de tomar el autobús, Andrómeda sería la nueva locación. Ahora tenía el trabajo en la semana y este otro para el fin de semana.
Tomaron el bus de regreso a sus casas.
—Dilan— le llamó su amigo, el chico lo quedó mirando—. Esto no lo puede saber nadie. Debes prometérmelo.
—Tranquilo, sí lo dices por tu novia no será necesario. Ya la estoy escuchando cuando sepa que tendrás que trabajar los fines de semana— le dijo con desinterés Dilan-Y si no te bota, de seguro te engañará.
—Sabes, eres muy cruel— le dijo Orión mirando por la ventana.
Dilan se acercó a su amigo y puso su cabeza en el hombro de este.
—Amigo no es que sea yo un mal chico, pero ya no te quiero ver sufriendo. Eres de las personas que se enamora con facilidad y cuando no puedes hacer feliz a alguien te sientes culpable. Y ese sentimiento no es justo, ¿cuándo dejarás que alguien cuide de ti?.
Orión dibujó una pequeña sonrisa después de todo su amigo tenía algo de razón.
—Tal vez no haya nadie que se quiera hacer cargo de mi— sonrió el castaño aún mirando por la ventana.
—Yo sé que sí.
El autobús avanzó hacia su destino, un camino que fue recorrido en completo silencio.