Mientras el avión privado viajaba a su nuevo destino, en Nueva York, en las calles del barrio medio vivía un jóven de veinte años, de cabellos castaños y de ojos verdes. Su nombre era Orión Coglan, era estudiante de la Universidad de Medicina de segundo año. Logró becarse por sus buenas notas y alto rendimiento. Vivía con sus abuelos puesto que sus padres habían muerto en un accidente de automóvil, él vivió de suerte. No había mucho dinero, más las deudas que recibó después de la muerte de sus padres, esto obligó a Orión a salir a buscar trabajo desde muy jóven.
Sin embargo y con lo difícil que se había vuelto la vida, Orión debió conseguir más de un empleo. Aún así y todo la paga no le alcanzaba bien. El chico se había acostumbrado al estrés de los estudios y los apretados horarios del trabajo, sin embargo tenía el tiempo para tener una linda novia. Su nombre era Kelly y tenía veintiún años, estaba en tercero de medicina.
Orión estudiaba el segundo año junto a su amigo de infancia Dilan, Glen su otro amigo estudiaba el tercer año en la misma aula que su novia. Kelly tenía una amiga del cuarto año de Medicina, su nombre era Shayla. Todos ellos se encontraban estudiando en la Universidad de Medicina, que a pesar de no ser privada, era la mejor del país en la formación de médicos y cirujanos.
Esa semana había estado tranquila, los de primero habían recibido la bienvenida de los alumnos de cursos superiores. Esos días Orión se había dedicado a buscar empleo en algún otro lugar, incluso presentando su licencia de estudios pudo hacer un par de turnos de noche en la Urgencia del Hospital base de Nueva York. Trató de llevarse bien con la mayoría para que contaran con él cuando lo necesitaran. Sin embargo las autoridades no se podían exponer a un recién estudiante en la urgencia, por lo que lo dejaban haciendo el trabajo de un paramédico.
Luego cansado regresaba a su casa con sus abuelos para darse una ducha, comer algo y luego caer rendido a la cama. Buscaba la manera de estudiar, hacer los trabajos y tratar de vivir una vida normal.
Un nuevo día comenzaba, y como era de esperarse a Orión le costó un mundo abrir los ojos.
—¡Niño se te hace tarde!— le gritó su abuela desde el primer piso. Su abuelo ya estaba de pie desayunando—¡Perderás el bus!.
Orión se levantó como si hubiese tenido un resorte, fue directo al baño y se duchó con agua helada. Necesitaba despertar. Después de unos minutos salió del lugar y fue hacia su habitación, se vistió rápidamente y tomó su mochila. Bajó a toda carrera al primer piso, ahí encontró a sus abuelos desayunando.
—Buenos días pequeño hombre— le dijo su abuelo con una sonrisa.
—Muy buenos días— les saludó el chico, tomó un pan y se tomó un vaso de leche fría—Voy retrasado, ¡nos vemos!.
Salió corriendo de la casa al paradero, esperaba no haber perdido el bus que lo llevaba a la Universidad. Caminó un par de cuadras y vio en el lugar a sus amigos, corrió hacia ellos.
—Vaya, creí que se habían ido— les dijo Orión a los chicos.
—Estuvimos a punto de irnos— le dijo Glen—Pero el pequeño te quería esperar.
—Sabía que llegarías al filo de la hora— dijo Dilan con una sonrisa—Te conozco.
—Al menos ya sé quién me quiere— murmuró Orión mirando feito a Glen, éste le sacó la lengua.
De pronto se dejaron de discutir, el bus de la universidad se acercaba. Lo hicieron parar y subieron.
—¡Amor!— gritó una linda pelinegra casi al final del pasillo.
—Kelly— sonrió Orión caminando hacia su novia—Que tal chicas— les saludó, Shayla le sonrió.
—Amor— le dijo Kelly levantándose para darle un beso.
Glen y Dilan se sentaron delante de sus amigos. El bus se echó a andar hacia la universidad.
En el camino se mantuvieron conversando mientras se acercaban a la institución.
Lejos de ahí, en las principales torres de la ciudad de Nueva York, en el útimo piso de una de ellas, se encontraba la oficina de Eirian. Desde ahí el joven billonario tenía el control absoluto de las empresas más millonarias del país. Cada compra, cada auto, cada medicamento y todo lo que tuviera que ver con las inversiones de los Futtaim pasaba por los ojos y manos de Eirian, nada se le pasaba al rubio de ojos violeta. Ese día en particular se encontraba sentado en su escritorio con los ojos perdidos en el su pc. Estaba viendo las estadísticas de las ventas y compras internacionales, cuando fijó sus ojos en la página de las universidades estatales. Entre ellas se nombraba a la Universidad de Medicina, quién mediante el internet pedían algún tipo de donación para no perder los laboratorios de la institución.
El joven billonario jamás olvidó su vida pasada, menos de donde salió. Aunque jamás supiera la verdad acerca de su madre, su mente nunca dejó de pensar en los pobres niños que estaban a su suerte, y él era un agradecido con la vida. Eirian no debía rendirle cuentas a nadie, puesto que él era su propio jefe, por lo que decidió hacer una jugada un tanto arriesgada. Bajo el nombre de una empresa ficticia hizo varios donativos a la Universidad de Medicina, a tres universidades más estatales y cuatro orfanatos que encontró más desvalidos. Por alguna razón sentía que quería ayudar a las personas con problemas, pero él mismo no se veía. Eirian era una persona que aún le costaba entablar una conversación normal con las personas, no era falta de personalidad, más bien él lo definía como una falta de interés al ser humano. Prefería estar solo a tener la compañía de alguien más. Que hablar de novias, el joven billonario apenas tuvo tres chicas y no formalizó con ninguna, el sexo fue bueno pero nada de otro mundo.
Ese día terminó de hacer las dos cuentas falsas para iniciar con los donativos. No se vería afectado el nombre de la famillia de sus padres. Luego de dar los donativos continuó su trabajo con las inversiones y las revisiones de las empresas.
Mientras en la Universidad de Medicina los alumnos se encontraban en clases. Cada grado tenía sus propios trabajos y responsabilidades, la mayoría eran exposiciones y casos clínicos. Durante las horas de la mañana Orión y su amigo Dilan tuvieron una presentación grupal con power point. El pelirrojo debió hacer la mayor parte del trabajo puesto que su amigo estaba ocupado con sus dos trabajos. A pesar de eso Orión estudió su parte y la exposición salió de forma perfecta. Fueron bien calificados.
Finalmente el timbre del fin de clases terminó, los alumnos comenzaron a salir de sus salones hacia el comedor común. Ahí se juntaron con Kelly, Shayla y Glen.
—¿Qué tal su día?— preguntó Kelly con una sonrisa.
—Agotador— dijo Orión largando un suspiro—Iré a comprar con Dilan.
Ambos chicos fueron a comprar sus comidas, luego regresaron y se sentaron con sus amigos. El almuerzo estuvo tranquilo y bastante compartido.
—Chicos, ¿escucharon?— les dijo Kelly.
Todos la quedaron mirando.
—Mi docente dijo que la universidad recibió un enorme donativo— sonrió la chica—Podrán mantener los laboratorios.
—¿Y de quién es el donativo?— preguntó Orión.
—También escuché del donativo— dijo Shayla—Pero el rector no sabe quién fue, y creo que están averiguando para invitarlo y darle formalmente las gracias.
—Debe tener mucho dinero para dar una donación tan desinteresada— habló Dilan pensando en quien podría ser.
—Bueno, sea quién sea debe ser un ricachón de rostro estirado— dijo Orión.
—Habló el envidioso— se burló Glen—Como te gustaría tener esa cantidad de dinero— rió.
—En eso tienes razón— lo secundó Kelly riendo.
Orión miró a su novia con el ceño levemente fruncido, prefirió ignorar el sarcasmo que usaron ambos para burlarse de él. Muchas veces no pudo acceder a los caprichos de Kelly por no tener el dinero suficiente, después de todo debía pagar las deudas.
—Bueno, si quieres alguien con dinero eres libre— le dijo Orión a la chica.
—Hay amor no te pongas tan grave— dijo Kelly tomándolo de un brazo—Sabes que eres mi amorcito.
Glen los miró de reojo y dibujó una sonrisa.
Terminaron de almorzar y luego salieron al patio para relajarse un rato. Se quedaron conversando algunas cosas de la carrera y de los trabajos que se les venía encima a los de segundo año, Shayla les prestaría los apuntes. Al acabar el receso los alumnos regresaron al salón de clases para terminar con la jornada de estudios.
Durante las horas restantes del día en las oficinas departamentales, Eirian terminaba de cerrar las compras y ventas del día. Los automóviles le habían dado las mayores ganancias del día. Iba a apagar su computador cuando vio que le había llegado un e-mail, el remitente era el rector de la Universidad de Medicina.
Estimado muy buenas tardes, el envío de este e-mail es con el afán de poder invitarlo a nuestra Universidad para agradecer tan generoso donativo a nuestra institución. Esperando su pronta respuesta, se despide.
Eirian leyó el nombre de la persona, la fecha y la hora. Apagó el computador y salió de la oficina. Fue al ascensor y bajó al menos uno, al salir se dirigió hacia su auto BMW color blanco. Subió y aceleró el motor saliendo de los edificios hacia su penthouse en el centro de Nueva York.