Habían pasado veinte años desde la llegada de Eirian al seno de la familia Futtaim, los billonarios del país. Dueños de cinco petroleras, las cadenas de farmacias, laboratorios clínicos, universidades privadas, y automotoras. Además de invertir en la bolsa y en la compra de propiedades como mansiones, penthouses, castillos y hectáreas de siembras y animales. Aquello debía ser visto a detalle por cada contador y trabajador que contrataba Rynold para que trabajara con sus hijos, a diferencia de Eirian que fue educado con los mejores profesores particulares de la Universidad más prestigiosa del país, convirtiéndose en dueño de una parte de las ganacias de su padre.
Ese día se encontraban en una mansión cerca de una playa, Eirian estaba de cumpleaños y sus padres le tenían una misión para su nuevo inicio de ciclo. La familia estaba reunida alrededor de una enorme mesa de vidrio, los mejores manjares estaban dispuestos a lo largo de esta. Linsai de ahora treinta y un años, se encontraba junto a su esposo Julián y su pequeña bebé Belén. Suyen esperaba que su hijo Nicholas de ahora veintinueve y el cumpleañero pudieran encontrar pronto una esposa.
—Antes de dar la noticia, quiero hacer un brindis por mi hijo Eirian y sus veintisiete años recién cumplidos. Espero que sigas siendo el gran hombre que eres— dijo Rynold.
—Gracias padre— le dijo Eirian con una pequeña sonrisa, siempre de palabrtas justas.
Bebieron de sus tragos.
—Ahora la sorpresa— dijo el mayor—Eirian, eres un erudito en toda materia. Tienes una mente privilegiada, hemos visto tus progresos y lo increíble que lo has hecho con las finanzas y las empresas. Por lo tanto hemos decidido con tu madre darte el poder absoluto de nuestro imperio en Nueva York. Las empresas de automóviles, farmacias, universidades privadas y clínicas privadas quedarán a tu completo nombre y poderío. Eres dueño de Nueva York.
Eirian quedó perplejo por todo aquellos, a pesar de sentirse bien por tomar parte del patrimonio Futtaim, se sentía algo triste por dejar a Antonella y sus padres. Ellos habían sido siempre buenos con él, también Nicholas, su hermano que fue el único que le entegó el verdadero cariño de hermanos. No así Linsai que su desprecio por el hermano adoptivo había crecido como un árbol torcido.
—Gracias por el voto de confianza padre— le dijo su hijo—Te haré sentir orgulloso haciendo crecer aún más tu dinero.
Rynold miró satisfecho a su hijo adoptivo.
—Estoy orgulloso que lleves mi apellido— sonrió el hombre.
—Oh por favor, ¿ahora le harás venias?— preguntó molesta Linsai—Es demasiado que le des el patrimonio de Nueva York.
—Quieres todo— le dijo Nicholas—Eres una codiciosa, ya tienes gran parte del patrimonio de Émiratos, ¿también querrás el que tengo yo?.
—Tú no tienes nada de mi interés— dijo su hermana molesta.
—Confiamos en Eirian, porque demostró ser un niño prodigio. No necesita de contadores ni admistrativos que vean los números, él puede hacer todo solo— le dijo molesta Suyen—Nunca lo aceptaste como tu hermano, ni siquiera el nacimiento de Nicholas lo aceptaste.
—¿Me culparás por no haber sido un hombre?— le preguntó Linsai molesta—Me gané mi puesto de manera justa en los negocios, soy la mayor de la familia y tengo más ovarios que estos dos idotas juntos.
—¡Basta con los insultos!— gritó molesta Suyen—Somos tus padres, y guardarás respeto a nuestras desiciones.
Linsai puso mala cara, Eirian ni siquiera se inmutó. Para ser sincero prefería alejarse de esa chica y disfrutar de la riqueza y los buenos libros lejos de Émiratos Árabes.
Después del ese pequeñ conflicto, la cena dio por finalizada, los invitados se dispersaron por el lugar. Eirian se fue a caminar por la playa, sentía la arena entre sus dedos mientras avanzaba en silencio con la mirada perdida. Veinte años atrás era un don nadie, niño huérfano y abusado olvidado por la sociedad, hasta que la luz de esperanza llegó a su vida transformándolo en uno de los billonarios más jóvenes de la nación. Y ahora un nuevo camino se abría ante sus ojos, la posibilidad de ser un magnate en Nueva York y tener el mundo a sus pies estaba más cerca de lo que se había imaginado.
—Eirian— la voz de su hermano sonó desde atrás, el joven se dio vuelta para verlo—Lamento que hayas tenido que escuchar las estupideces de Linsai— le dijo Nicholas.
Su mano miró el mar.
—La primera vez que los vi supe que ella no sería fácil de llevar, para ser sincero su aura no me gustó desde un principio—le dijo Eirian—Pero tú siempre fuiste diferente a Linsai, y eso te lo agadezco.
Nicholas sonrió, se puso al lado de su hermano y pasó su brazo por el cuello de éste rodeándolo.
—Espero si algún día viajo a Nueva York para huír de todos ellos me acojas con cariño
—Sabes que tendrás las puertas abiertas de mi casa siempre— le dijo Eirian.
Ambos se quedaron un rato más mirando el mar nocturno.
Días después de la celebración de su cumpleaños, Eirian se preparó para el largo viaje que lo llevaría a la vida norteamericana. Se fue en un avión privado hacia su nuevo destino, el pequeño aeródromo a su nombre lo esperaba en suelo yankee.