El muchacho se detuvo en la repisa entre la cocina y la sala, sacó la computadora de una mochila roída y encendió la pantalla. Tecleó en silencio algunos segundos, antes que las imágenes de un nuevo Nicholas aparecieron en la pantalla. Desde mi lugar en la sala no podía distinguirlo con claridad, por lo que fue imperativo acercarme lo suficiente para notar el hombre de rostro liso, cabello aplacado y traje elegante. No podía creer que ese fuese el mismo hombre que lucía pantalones gastados, tenía más cortes que un bistec y había pasado por tanto en tan poco tiempo. A medida que el muchacho pulsaba una flecha en la pantalla, más imágenes aparecían. En algunas aparecía vistiendo traje, en otras usaba pijama y buscaba el periódico en la entrada de la casa. En otras aparecía con una mujer de

