Siete de la mañana y no había recibido ni un mensaje de ella. Nuestra última conversación había sido interrumpida por las niñerías de Reyna y, hasta preferí no darle explicaciones porque no las merecía. O tal vez sí debía hacerlo, era mi única compañera s****l y lo más parecido a una novia que había tenido en los últimos meses. Pero nuestra relación no era equitativa, equilibrada y ni equidistante, aunque el término no aplicase. Yo daba más, esperaba más, amaba más... Y por supuesto que quería estar más cerca de ella. Pero tras cada paso que avanzaba para estar más unido a ella, ella se alejaba tres. Se abría una brecha más grande que el Gran Cañón y cada día me era más difícil de superar. Sin embargo, allí estaba yo, haciendo un esfuerzo por no rendirme y, sabía que de alcanzarla, sería d

