«Me lleva la verga... ¿Por qué me tocó de primero? Si mi apellido es con hache...». Me puse los protectores de oídos y los lentes. Me troné los dedos con suavidad. «Llegó el momento de la acción». Metí bala por bala en el cargador, lo deslicé dentro de la empuñadura y sonó el esperado "clic". Verifiqué que el seguro estuviese puesto y cargué el arma mientras apuntaba al suelo. «No desesperes o quedarás como el demente que usó la pistola como ametralladora». Separé las piernas a la altura de los hombros, una más atrás que la otra, y levanté el arma. Un brazo más recto que el otro. La mano izquierda sirviendo de apoyo a la derecha. Respiración suave, inhalé... Exhalé... «Una detrás de la otra». «Una delante de la otra». ¡Bang! Un tiro limpio. La diana quedó con una marca en el cent

