Separo mis labios tomando una bocanada de aire. «Es horrible su pasado, realmente un infierno, me duele el pecho de solo imaginármelo» mis ojos arden queriendo llorar por el pequeño Vladimir. ─Sé que me tienes miedo, yo… ─No te tengo miedo, nunca lo tendría ─intervengo tajante ante su insinuación. Vuelvo a acercarme a él, antes me alejé por la impresión de su declaración, pero, no pienso permanecer alejada de este hombre. Poso mis palmas en sus pectorales y siento los latidos de su corazón golpear con rapidez. Su cuerpo se tensa por mi tacto. ─Supongo que ahora dejarás de pedir que duerma contigo ─dice subestimándome. ─Nunca, porque te quiero a mi lado al despertar y sí, seguiré insistiendo. No te has puesto a preguntarte, de que a mí me gusta que me despiertes para un orgasmo, tú

