Capítulo 5: Siguen los sueños✓

1871 Words
Capítulo 5 Sigue los sueños. El impacto y el dolor de una pesadilla puede ser mucho mayor que el de un puñetazo>> John Katzenbach Willow: Me dejo caer entre las sábanas rojas de seda. La suavidad de la misma me envuelve arrastrandome a los brazos de Morfeo, a decir verdad, estoy agotada, cansada, sin ánimo de hacer nada más. Mis párpados se cierran lentamente cuando miro el techo. Por fin he superado el día donde la limpieza ha Sido esencial. Además, no podía irme a la cama hasta dejar todo en orden. Parpadeo, cierro los ojos, los abro y no se en que momento me quedé dormida. Estoy en una casa. No la recuerdo en lo absoluto. Es sola, vacía, abandonada. Hay llamas en las habitaciones, y el calor es tan agobiante que estoy sudando. Camino despacio, voy hacia las habitaciones en llamas y no se porque, solo no puedo detenerme, es como si mis pies tuvieran dominio propio para conducirme hacia zonas donde no quiero ir. Mis ojos están fijos en las llamas ardientes que se están expadiendo por todos lados, desde la habitación arropa el pasillo. Camino por el fuego, soy el mismo fuego, ese fuego amenzador, abrasador, y que quema hasta al punto de volver todo ceniza. El fuego no me hace daño, se doblega ante mi paso, rindiendose ante mi presencia al igual que los súbditos ante su rey. Sigo caminando por el pasillo en medio de las llamas, aún no sé que está sucediendo ni que significa esa casa. Hasta ahora, solo percibo el olor a carne quemada, a humo y el sonido de las llamas arder. Los pasos que estoy dando no son torpes, más bien firmes, pareciera que conozco esa casa tanto como las distintas formas de hacer un waffle. Tampoco tengo miedo, al contrario, mi corazón está confiado, satisfecho, contento por la claridad que ha llegado a la casa en esa forma. Mis pies no se detienen, tienen un objetivo, la cual no logro comprender. Todo lo que veo no lo recuerdo pero esa yo que camina en medio del infierno sabe lo que ocurre. Mis pies se detienen. Mi corazón se sobresalta en gran manera cuando me veo a mi misma aferrada a la pared. Es una versión de mí que está asustada por las llamas, que llora, que pide auxilio. Retrocedo cuando un monstruo rojo, con cuernos y ojos de serpientes me arrastra al fuego eterno, a un fuego que me comienza a consumir la piel. Grito... Estoy bañada en sudor, en fiebre. Ese sueño era tan real como el maldito escritorio que yace a mi lado. Tengo las lágrimas por toda mi cara y las mejillas me arden muchísimo. Resoplo. ¡Es una pesadilla! ¡una tan buena que casi me cago las pantaletas! Miro el reloj de la puerta y maldigo entre dientes, son más de las 8, maldición. Me levanto de un salto, abro la puerta y hago un recorrido ajetreado entre bañarme y ponerme la misma ropa. Ese jodido reloj me ha descontrolado, me ha descuadrado todo. No sé que hacer, ni por dónde empezar, si por el desayuno o almuerzo o a limpiar. Mierda, mierda, mierda. Perdí 2 horas dormida, metida en una presurosa pesadilla que me dejó con el corazón en la boca. Estoy descontrolada... desorientada. No me gusta pasarme de horas. Tengo el cabello suelto, mis rizos están mojados y la camiseta verde húmeda por las gotas que caen en mi cabello. Me acerco a la puerta de la alcoba dónde Gwen comparte con leviatan y toco muy despacio. Madre mía, que este dormida, así no se dará cuenta que he dormido hasta tarde. —¡Pasa Willow!—exclama. ¡Carajo! está despierta. Entro a la alcoba con calma, evitando demostrar que he estado descontrolada por la hora en que me he levantado. —¿Cómo te sientes?—pregunto. Gwen me sonríe. —Bien, mucho mejor. Miro el otro lado de su cama y está destendida sin señal de leviatan, ¿dónde estará? —¿Que te provoca desayunar?—consulto, mirando hacia el baño, puede ser que este allí, desnudo, enjabonandose, tocándose. La otra parte razonable me grita: o haciendo sus necesidades. Casi me echo a reír pero evito hacerlo —¡Sorprendeme! ¿Sorprenderte Gwen? ¡eso es lo que quieres! de seguro que lo haré. Me retiro con un risita a la cocina y pongo mano a la obra al cocinar. Reviso la heladera y agarro fresas, bananos, huevos. Reviso los cajones, rebusco en ellos hasta encontrar lo que necesito. Comienzo a preparar la mezcla y a cocinar panqueques. Hace un tiempo escuché a una de las clientas de lluvias de sabores una frase que me gustó mucho, dijo: Cocinar es un poco como el cine; es la emoción lo que cuenta>> Mas tarde descubrí que esa frase provenía de una chef, Anne Sophie Pic que mezcla el arte de cocinar con un intercambio de emociones, y es que al preparar los alimentos debemos tener en cuenta despertar las pupilas gustativas, la emoción y el deseo de probar. Cocinar es liberar, es crear, es relajar, es mezclar ingredientes, colores, sabores. Alzo la mirada cuando Gwen se sienta frente a mi creación. Adorno los panqueques con fresa y miel. —Tuve que venir porque el olor no me deja concentrarme. Sonrio por ese halago. —Vaya, enserio te gusta la cocina—dice, apoyando una mano en la mejilla. —Cocinar es un arte, te relaja, es liberador. Frunce el ceño. —Para mí no es liberador más bien es estresante...—se echa a reír, la acompaño en esa risa. —No todos le tienen paciencia a la cocina. Gwen pone los ojos en blanco. —Dimelo a mí, no soy muy dada a ese talento. —Vamos, no debes ser tan mala. Bufó, haciendo una mueca de desaprobación. —Creeme, mis pasta desafían la gravedad. Nos unimos en una carcajada. —Listo—termino de decorar el panqueque y le dejo el plato enfrente con cuchillo y tenedor. Lo observa con ansias de probar. Lo hace, se lleva un buen bocado a la boca. —Mmmm...—mueve la cabeza de un lado a otro, como si no hubiese panqueques más espectaculares que los que está comiendo—. ¡Están riquísimos! Sonrio, me muero de ganas por preguntarle por leviatan, pero no lo hago, agradezco que ella lo trae a la conversación cuando me ve cortando más fresas. —Gabriel desayuna en su trabajo y almuerza, así que no te preocupes por él. Me como una fresa, me encantan. —¿De que trabaja?—carraspeo. —Es profesor de idiomas en la universidad de Frost. Leviatan es profesor. Me sorprende. —¿Cuántos idioma habla? Gwen lo piensa. —Ingles, alemán, griego, hebreo y el nativo de nosotros, español. —¡Guao! un erudito. Asiente. —A veces trabaja como traductor, le pagan muy bien por eso, de hecho, llevamos está vida gracias a él, porque si fuera por mi, uufff. —¿Que estudiaste tú? —Artes plásticas—dice sin emoción. Enarco una ceja —¿Eres pintora o algo así? Se ríe... —No soy lo suficientemente creativa ni buena. Me gusta el mundo de la ilustración y he hecho algunos trabajo pero nada relevante. —¡Eso es fantástico! hubiese deseado estudiar—dije con nostalgia. —¿Que te gustaría estudiar? —Quizas, culinaria. Gwen sonríe con ternura. —Cuentame algo de tí, Willow. Suspiro, no tengo nada emocionante que decir, excepto, mis sueños fuera de este mundo. —Hay cosas que no recuerdo, entonces, no hay mucho. —Lo que recuerdes... lo que sea—se acomoda en el asiento llevándose fresas a la boca entusiasmada por lo que diré. Pienso bien antes de hablar, no quiero comenzar contándole que salí de un psiquiátrico cuando Gigi me encontró, por lo tanto, decido tomar el camino de los recuerdos donde está involucrada ella, y el orfanato de Priscott. Inspiró aire, espero ser buena narradora. —Cuando vivía en el orfanato de Priscott, en una ocasión, una de las niñas grandes me lastimó. Yo, estaba muy pequeña como para defenderme en ese entonces, sin embargo, hay un episodio que nunca olvidé. Una tarde estaba dibujando en el jardín, alrededor del orfanato—mis recuerdos llegaron a medida que voy contando la historia. Me transporta a ese momento dónde una niña indefensa colorea, continúo con la mirada fija en la nada—. En concreto, dibujaba una casa bonita al lado de una familia que me amara. En ese entonces anhelaba la idea de tener un papá y una mamá. Simultáneo, llegó una niña más grande y me quitó el dibujo—Evoco el recuerdo de esa niña luchando por recuperar su obra de arte, cierro los ojos con fuerza—. Lucho para recuperarlo a pesar de que esa niña pesaba más que yo, media más que yo. Me dijo con exactitud: —Nadie va a adoptar a una psicópata como tú. ¡Rara!, ¡fea!—le doy una patada en sus piernas y ella me empuja. Caí de culo como un saco de papas. Por más que procuré levantarme lo más rápido que pude, no discernir cuándo jaló de mis cabellos. Grité y nadie venía a mi socorro. Solo una niña, una más grande que yo y que ella. Fue mi heroína por muchos años, le pateó el trasero y la admiré tanto que, cuando fui agradecerle me revolvió el cabello diciendo: llámame si te vuelve a molestar. Nunca más me volvió a molestar hasta que mi heroína fue adoptada. Suspiro profundo al terminar, enseguida, veo a Gwen, tiene lágrimas en sus ojos, no dice nada. —Yo... lo lamento no quise. Parpadea cuando otra lágrima se desliza por su mejilla. Se alza de la silla. —¿Alguna vez volviste a ver a tú heroína? Si, eres tú Gwen. Quiero gritarselo, decirle que nunca la olvide a pesar del tiempo. Que permanecía en mi memoria al igual que un chip. Por más que quería decirle, terminé por el lado más fácil del camino. —Nunca más la volví a ver—miento, me duele mentirle, pero decirle que todo este tiempo soñaba con ella, escribía su nombre en todos lados era más desquiciado que mentir. Hay momentos donde la mentira tiene lugar para no ser rechazado. Posteriormente, Gwen me mira conmocionada, como si quisiera decir algo y cuando abre sus labios perfectos de corazón, sé sus palabras antes de decirlas. Veo en sus ojos que me ha recordado, que ha evocado ese momento dónde fue mi heroína y por eso no ha podido contener las lágrimas. A pesar de mi mentira, quiero que Gwen lo diga en voz alta, que sea capaz de mirarme a los ojos y decir: te recuerdo, eres la niña que le hacían bullying en el orfanato, y cuando mi corazón se prepara para escucharla sucede algo... Porque en la casa de Gwen al parecer siempre sucede algo... ***** Holaaa... te leo, ¿que te ha parecido el capítulo? si te ha gustado por favor comenta, y quédate hasta el final. Un abrazo mis amigos.
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