~Buenas obras ✓

1641 Words
LEVIATÁN. Está ante mis ojos. No puedo respirar, incluso, ni moverme. Es como si me hubiesen dejado pegada en una escena de película que no toleras ver. Le acuna el rostro, está siendo amable. Tanta amabilidad por parte de su persona me confunde. Chupalo... La voz ronca me envuelve en un escalofrío atroz, me es imposible asimilar que Gabriel y Leviatán son la misma persona. Él me está mirando con los ojos exageradamente abiertos, y son esos ojos azules perturbadores que me revuelven las tripas. Mantengo la compostura, no es el momento del descontrol. Miro a Gwen, se está secando las lágrimas mientras tanto entrelaza los dedos con los de Gabriel. Guardo silencio, de pronto el aire se convierte tóxico, asfixiante cuando ambos me miran. —Willow, él es Gabriel, mi esposo. Gabriel, ella es Willow... es una... una—no sabe cómo explicar que nos conocimos porque me arrollo, la veo quedarse atoradas en palabras simples de completar. —Soy una amiga—respondo por ella. Esos ojos azules siguen observando con cautela. Agacho la cabeza. —¡Es un placer Willow!—dice. El solo hecho de pronunciar mi nombre me estremece de pies a cabeza, enciendo una chispa electrizante que se queda en mi estómago. —Es un gusto señor Gabriel. Él se ríe al escucharme, y esa risa me parece tan confusa como todo él. —Gracias por ayudar a mi esposa—comenta, paseando la vista entre Gwen y yo—. Si no hubiese Sido por su ayuda, dios, no quiero ni pensarlo. Oh dios, quiero vomitar, estoy a punto de hacerlo. ¿Son las mismas personas? parecen tan diferentes, tan distintos al mismo sujeto que me obligó a chupársela. Al que cada noche visita mis sueños convirtiéndolos en pesadillas. ¿Cómo podré lidiar con esto? ¿Cómo puede ser un propósito de Dios, encontrarme con el ángel y un demonio al mismo tiempo? Suspiro, el calor en cada terminación nerviosa es evidente, de seguro, las mejillas se me han ruborizado porque me arden de la rabia, del cólera. Los esposos crean un círculo personal donde cuchichean. Los veo más no escucho nada de lo que susurran, solo sé que minutos después, Gabriel está sentando a Gwen en una silla de rueda despidiéndose del doctor amable. Dudosamente, lo sigo. No hablo, soy como un cordero que es llevado por su pastor a un despeñadero. Sin oportunidad de refutar o rechistar, por primera vez, me siento como una intrusa en medio de ambos, como la maldita cabra en medio del redil. Enseguida, me detengo cuando llegamos a su auto, es una camioneta negra que abre y sumerge a su esposa en el asiento trasero para que vaya más cómoda. Sigo parada como una idiota cuando me mira y padre bendito, un fuego se enciende en el interior del estómago, lo único que puedo ver en Gabriel es esa noche dónde me la metí a la boca. —¿Entras?—me ha abierto la puerta y yo me he quedado como una estúpida pensando en su polla. Me reprendo por eso al subirme en la camioneta, tengo cierta pena por estar en el puesto donde Gwen debería estar. Agacho la mirada, estoy temblando al igual que una hoja, ruego a dios que Gabriel no lo note. ¿Me reconoce? ¿se acuerda de mí? me ha tratado como si no tuviese memoria y solo fuera una simple desconocida cuando la verdad es que me obligó a chuparle la polla en el boulevard. Infiel, mentiroso. No se merecía a Gwen, era lo demasiado buena para él. —Estoy muy agradecido contigo, Willow. Dios, ¿qué puedo hacer por ti? Ahí va de nuevo, la gratitud. Sonrio sin mirarlo, no puedo hacerlo, sus ojos me hacen daño. —No es nada, ella también me ayudo. —Gwen me comentó que, quiere contratarte para que nos ayudes en casa y más que ella estará incapacitada, ya sabes... la atiendas un poco. Los ojos se me van a Gwen en el asiento trasero, que traza pequeños círculos con los dedos en su panza. Sus bonitos ojos cafés están perdidos en el techo del auto con tristeza, amargura. Me siento mal por ella. —Gracias por su oferta laboral, trataré de cuidar a Gwen lo más que pueda. —Eso quieres decir que... ¿aceptas? Asiento. —Gracias señor. —Oh no, nada de señor, solo llámame Gabriel. ¿Gabriel o Leviatán? Guardo silencio y en todo el camino todos permanecen así, en una especie de tensión incómoda. De soslayo miro a Gabriel y retrocedo mis recuerdos al momento que estaba en el boulevard. Veo su pelo desordenado y lo comparo con esa noche, ah, si, cierto, llevaba capucha. Sin dudas, son sus mismos ojos, tan profundos e intensos como el mar. La nariz perfilada, la boca carnosa, ese cuerpo que ahora lleva traje estaba envuelto en una camisa casual negra que dejaba ver lo fornido que era. Ese sujeto era atrevido, demandante, malévolo, cruel, en cambio, Gabriel es amable, acuna el rostro de su esposa y tiene hasta expresiones amables. ¿Que mierda es esta? Tengo urgencias de llegar a la casa, de pensar, de descansar, estoy convencida de que se trata de un mal sueño, de el tipo incorrecto. Con tal, era de noche, llovía muchísimo, si, es eso. Finalmente, Gabriel se estaciona, bajando del auto para ayudar a Gwen con tanto cuidado como si cualquier movimiento la quebrara del mismo modo que una muñeca de porcelana. Cierro las puertas del vehículo y les sigo al igual que un guardaespaldas, tan obedientemente voy a la casa que estoy asombrada. Siento que Gwen no está segura con leviatan allá adentro considerando lo que me obligó a hacer en el boulevard. Ahora mismo le observo llevar en brazos a su mujer hasta la habitación que unos minutos antes estaba cerrada, en vista de que Gwen está incapacitada y me han ofrecido trabajo dispongo a hacer el almuerzo. Cocinar es liberador, aunque para otros sea una tortura. Cocino caldo de pollo, pienso en que Gwen tiene que alimentarse lo suficiente como para reponerse de esta caída. Procuro el silencio, cuenta a mi favor que todo en la casa permanece en un silencio solemne, solo el sonido de las llamas son quien me acompaña de igual forma que aquel día la lluvia y los truenos. Muevo el caldo, lo pruebo, exquisito. Pegó un respingo cuando escucho esa voz ronca cerca de mí. Oh dios mío, me quemó la boca y casi muero de tres infarto. Acontinuacion, me giro de forma automática, al igual que Robocop, esto es debido a que su presencia me ha puesto tensa. —¿Willow? ¿es así como te llamas?—consulta. En concreto, mis ojos se desvían hasta el nudo de su corbata desatado y los primeros botones de esa camisa que deja un poco del pecho con algunos vellos a la vista. ¡Santo Dios bendito! —Ssi—me tiemblan los labios, el cuerpo, las piernas, es decir, todo mi maldito cuerpo le tiene respeto. Traga saliva y observó como la nuez de su garganta se mueve. —¿Cómo conociste a mi esposa?—pregunta, con las manos en jarras sin apartar esos ojos azules demandante de los mío. Tengo que buscar un punto fijo para no encontrarme con esos ojos malevolos que me sumergen en las profundidades de una pesadilla. —Eeh, bueno. En realidad, es una historia divertida...—sonrio un poco—. Me atropello. Lo veo con disimulo arrugar las cejas y unas líneas fijas aparecen en su frente. —Eso no suena divertido. —Para mí si, porque ahora tengo trabajo. Él suspira. —¿Que dice tú familia? —Eeh, ¿familia?... no tengo. —Vaya... interesante... tal vez... ¿amigos? Niego con la cabeza. Él me está mirando, observando con sumo cuidado. Está en silencio, aunque el siento el peso de su mirada en mí. —Eres una persona interesante de conocer. La respiración se está saliendo de control, por unos segundos, me ahogo con sus voz, con su presencia intimidante. No soy capaz de mirarlo al rostro. —G-gracias señor Gabriel por... por ofrecerme trabajo. Tamborilea los dedos en la encimera. —Mi esposa está profundamente agradecida por tu ayuda. Es lo mínimo que puedo hacer, además, necesitábamos a alguien de todos modos. Tú me dirás como quisieras tú salario. Lo miro exprectante. —Usted dirá... Sonríe de medio lado. —Propongo pagarte mensual 500 dólares. También tendrás tú desayuno, almuerzo, cena y hospedaje, claro, si quieres, si aceptas. —¡Acepto!—digo con suma rapidez que me ruborizo. El mar intenso cae nuevamente en mí y me asfixio, aparto la mirada. —Bien, bienvenida entonces Willow. Tú única responsabilidad será únicamente mi esposa y está casa. Y yo le aseguraré de tú salario a tiempo ¿vale? —Vale... Se ríe, y retrocedo cuando se aproxima hacia mi rompiendo la distancia prudencial, invadiendo mi espacio personal. El olor a perfume me agobia las fosas nasales, con solo tenerlo a unos pocos centímetros el corazón escala hasta la garganta a un punto que desea salir por la boca. —Ese caldo huele delicioso—su tono es el mismo que uso en el boulevard, seductor, fascinante, hipnótica. Con todo mis sentidos vueltos un caos por el gran tsunami que acaba de sucumbirme hasta dejarme sin aliento, persigo a Gabriel con la mirada hasta que cruza el arco. Estoy convencida de que Leviatan será mi fin. ¿Cuánto tiempo soportaré vivir en la casa de leviatan? Dios, ten piedad de mí. ****** Notita: Dejen sus comentarios... Un abrazo mis amores, espero que hasta este punto, les esté gustando la historia. Si es así, dejen sus.comentarios y todo el cariño posible a este historia. Un abrazo gigante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD