Capítulo 4
Buenas obras
Las buenas obras no hacen a un buen hombre pero un buen hombre hace buenas obras>> Martin Lutero
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Willow:
La ambulancia llegó en menos de 5 minutos.
Estoy al lado de Gwen, su mano está con la mía a medida que el dolor se intensifica en su interior. Según los paramédicos, son contracciones.
Lo que menos me espere de ella es que estuviera embarazada y que este perdiendo al bebé. Apenas tiene 6 semanas.
Gwen respira hondo, está llorando, las lágrimas están mojando toda su mejilla. Me ha dado el teléfono para que llame a su esposo, al tal Gabriel, no lo hago aún, quiero estar con ella cuando sea ingresada al hospital.
Así sucede. La llevan de emergencia y un doctor la recibe, es el último momento que veo a Gwen, las siguientes horas, nadie dice nada de ella.
Tengo su celular. Deslizo el dedo y no tiene clave, ¿quien en esta época no tiene clave en su celular? busco sus contactos y veo el nombre: Mi alma gemela.
Supongo que es el esposo, entonces, llamo.
Primer timbre... nada.
Segundo... no responde.
Al tercero contesta.
Tartamudeo, mi mente queda en blanco.
—Amor...—dice a través del auricular.
—Buenos días, es el esposo de la señora Gwen—digo en tono formal.
Guarda silencio unos segundos, me hago la idea de que está procesando de quién será la voz.
—Si... ¿quien es usted?
—Una amiga de la señora. Ella en estos momentos está en el hospital.
Más silencio del otro lado.
—¿Que paso? ¿por qué está en el hospital?—suena alarmado.
—Sufrió un sangrado.
—¿El bebé, está bien?
No sé cómo responder a esa pregunta.
—Aun no lo sabemos.
—Dios, otra vez no—lo oigo resoplar desde otro lado y un silencio—. Ya voy para allá.
Cuelgo el auricular.
Tomo asiento en las sillas de espera del hospital. El frío del aire acondicionado cala mis huesos y es en ese instante soy consciente de mis fachas. La camisa de tirantes, el pelo recogido y unas chanclas, por dios, en los casos de emergencias no se piensa.
Me quedo pegada a la silla, no quiero moverme de ninguna parte hasta que el médico me diga que Gwen está bien así este vestida como una loca. Tengo el celular en la mano, así que, manipulo.
Entro a su f*******:, me pide huella, w******p también y todas las r************* , doy un suspiro. Veo la galería, está desbloqueada y sin huella pero solo tiene una foto. La observo. Son dos ancianos y Gwen en el medio. Expando la foto para mirar bien a los ancianos ¿abuelos? ¿padres? tengo curiosidad de saber, de saberlo todo sobre Gwen. Cierro la galería y voy a sus archivos, nada, vacío. ¿Por qué su celular está vacío? ¿eso es normal? exploro el aparato por fuera, es nuevo. Un iPod que no sé el modelo o generación, lo que si estoy segura es que Gwen no ha tenido tiempo de hacer el traspaso de sus archivos e fotos, si, es eso.
Dejo reposar el teléfono y espero... el frío me tiene la piel de gallina, uso mis manos para cubrirme los brazos más no logro apaciguarlo.
De soslayo miro al mismo doctor que estuvo en el apartamento ayer, el mismo que atendió mis heridas y al que Gwen había concurrido después de haberme atropellado. Me pongo de pies, quiero que me vea y me de información de porque demonios se están demorando tanto.
Me mira... lo miro...
—¡Hola!—dice, rascándose la cabeza.
—¡Hola!—respondo, con las manos pegadas a mis brazos. Dios, hace tanto frío...—, ¿sabes algo de ella?
Suspira.
Oh, oh... ese suspiro me da mala espina.
—¿Está bien el bebé?—consulto.
Hace una mueca rascándose la frente.
—Si, pudimos detener el sangrado y estabilizar todo, incluso, el bebé.
Respiro aliviada, sonriendo.
—Entonces, todo ha salido fantástico.
—Bueno, es un embarazo de alto riesgo, aún hay posibilidades de que el feto no avance. Al menos que, siga los cuidados necesarios. Pero, debido a su historial... uuuup. Dudo mucho que el feto continúe.
¿Su historial? omito esa pregunta, me preocupa Gwen, lo que siente, como la está pasando.
—¿Que ha dicho ella?
—Quiere llevarlo hasta el final. También se le advirtió de los riesgos y el cuidado excesivo que debe tener.
Me lamo los labios, quiero entrar, apoyarla, decirle: todo estará bien.
—¿Llamaron a su esposo?
Asiento.
—Dice que ya viene en camino.
—Genial... eeh... ehhh—se rasca la cabeza—. ¿Me recuerdas tú nombre?
—Willow.
—Bien Willow, fue un placer volverte a ver.
Se voltea, quiero verla, quiero apoyarla. Entre mujeres debería ser así.
—¿Puedo verla?—inquiero
Él me mira.
—No veo el problema, claro que sí.
Sonrio.
—Acompañame, Willow.
Sigo al doctor por unos pasillos, luego, a otros. El doctor saluda a unas enfermeras pero no se detiene, me alegro por eso, continuamos la ruta hasta que llegamos.
Abre la puerta, Gwen está en la cama, con los ojos enrojecidos.
—Gwen—llama el doctor. La veo secarse las lágrimas.
Entro, me mira apenada.
—Willow quiere verte—comenta el doctor. Ella sigue mirándome
—¡Gracias!—dijo, agachando la cabeza
—Bueno, las dejo sola.
Abandona la habitación y yo me quedo parada como una idiota, sin saber que hacer o que decir en estos casos.
—¡Gracias Willow!—expresa, no me mira en lo absoluto, pareciera avergonzada.
Noooo Gwen, no es tu culpa.
—Me dijeron que el bebé está bien.
Alza la mirada, se encuentra con la mía, solo que la de ella se ha llenado nuevamente de lágrimas. Quisiera aliviarle ese dolor, hacerla sentir mejor. Gwen eres perfecta, en mi mundo tú eres perfecta.
—Puedo perderlo—comenta, las lágrimas se le han escapado, bajan por toda sus mejillas y lo único que quiero hacer es secarlas.
—O puede que no...eso no lo sabemos, Dios lo decide.
Gwen me mira, no dice nada.
Me acerco un poco.
—Ten fe, estoy segura que este bebé nacerá y lo tendrás en tus brazos y tú... serás una fantástica madre.
Sonríe entre lágrimas, me da gusto verla así.
—Gracias Willow, creo que Dios te envío a mí para ayudarme.
Dios te envío a mí
Me quedo con la mirada fija en ella. Estoy segura que Dios me envió a ella, que mi obsesión no fue en vano si no para este momento nos hemos encontrado. Todo este tiempo imaginandola, pensándola, desde que se fue del orfanato.
—No dudo del propósito de Dios
Nuestras miradas se enredan en afecto, en vínculo, en condescendencia.
Se abre la puerta y ella rompe el contacto visual.
Agacho la cabeza.
—¡Cariño!
Escucho esa voz, una bastante familiar. Una que me transporta al boulevard de los suicidios.
Mi corazón se acelera, mi respiración está fuera de control. No quiero alzar la cabeza, creo que es... que es ...
Levanto la mirada y entonces, allí está él. Con un traje elegante besando en la frente a su mujer.
Su mujer es Gwen
Y el esposo el objeto de mis pesadillas.
Allí está él... LEVIATÁN
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